ciclismo. campeonato del mundo 2012
Valverde salva los muebles
El murciano se cuelga el bronce en Valkenburg tras una carrera dominada por los españoles hasta el tramo final. Gilbert es el más listo y se hace con el oro.

Valverde, a la derecha, luce el bronce conseguido en la prueba en ruta mundialista. Gilbert viste el arcoíris y Boason Hagen la plata.
Cuatro medallas, dos de plata y dos de bronce, adornan el palmarés mundialista de Alejandro Valverde, a quien se le resiste la presea de oro en un Mundial. En Valkenburg se tuvo que contentar con un bronce.
Philippe Gilbert, que logró el oro, y Boason Hagen, fueron superiores a él en los 1.800 metros final de un Mundial que a pesar de tener 261 kilómetros de recorrido se decidió al final, en la última subida al Cauberg, de las once que tenía el trazado. Bélgica, que apareció muy poco en las escapadas que se produjeron antes de los momentos claves, colocó a cuatro corredores delante, lo que aprovecho Gilbert para atacar e irse en solitario. Sus compañeros hicieron un corte muy elegante, dejaron que se abriese un hueco de pocos metros que Gilbert y la indecisión de sus tres perseguidores, Valverde, Boason Hagen y Kolobnev, le sirvieron para conseguir el título que venía acariciando desde hace varios años.
Lo que no se le escapa a nadie es que la selección española controló y dominó la carrera, estuvo en todos los momentos importantes, salvo cuando había que estar, en la última ascensión al Cauberg. Valverde arrancó desde muy atrás, ‘Purito’ Rodríguez no pudo estar delante, lo mismo que Freire, mientras que Samuel Sánchez y Alberto Contador habían hecho el trabajo que les asignaron antes.
Los Campeonatos del Mundo terminan convirtiéndose en una partida de ajedrez en la que lo único que de verdad cuenta son los últimos movimientos. Hay que tener piezas para poder moverlas. La selección española cuadró todo, cerró la carrera allí donde pudiera haber peligro. Todo salió perfecto menos estar pendientes del ataque de Gilbert. Todos sabían que iba a moverse. No sólo es que nadie pudiese estar junto a él, es que tampoco había nadie cercano a su rueda.
La dureza del circuito no terminó de aparecer. El desgaste llegó por el kilometraje y la rapidez que imprimieron los corredores con su forma de rodar. El desarrollo del mundial permitió ver a un grupo de 28 corredores delante, en el que había mayoría de italianos, cuatro, franceses y españoles, Lastras, Flecha y Contador, cuando quedaban 78 kilómetros para la llegada.
Trabajaron esas tres selecciones, lo que obligó por detrás a Bélgica, Australia y Colombia a hacer lo mismo. Contador atacó en varias ocasiones en el Cauberg, una ascensión que no tenía la suficiente dureza para que un escalador hiciese trizas el grupo. Italia probó con Nibali, Samuel Sánchez puso más ritmo. Todo resultaría inútil. A 1.800 metros de la meta, en el Cauberg, Gilbert intentó que no llegasen al sprint 30 corredores. Era un anuncio que todos conocían que se iba a rodar y que nadie pudo evitar. Sólo tuvo un protagonista. España se merecía el oro. Si no se consiguió es porque nadie pudo estar allí donde se jugó todo. Llegaron hasta la orilla para acabar naufragando en el momento más inoportuno.