El efecto Abidal calma al Barça
«¿Nervioso yo? No, solo estaba muy concentrado en hacer las cosas bien para impedir que el Mallorca nos marcara». La frase de Eric Abidal minutos después de su regreso al fútbol demuestra que ha vuelto para quedarse. No le basta al defensa francés con ser el protagonista de la admiración mundial por su milagrosa reaparición un año después de someterse a un trasplante de hígado, 402 días sin jugar un partido oficial. Quiere sentirse futbolista otra vez, «ayudar al equipo, ya sea en el campo o fuera, en lo que haga falta», e incluso «jugar muchos años más».
Es un ejemplo de superación que va más allá del deporte, un espejo para todos los seres humanos. Aunque ningún caso es idéntico ni las circunstancias son las mismas, su lucha sí es un modelo. Como dijo Cesc, dando por bueno que el primer hat-trick de su carrera quedara oscurecido por el regreso del héroe, «fue un estímulo para todos verle trabajar siempre con una sonrisa imposible para otros». Con ese optimismo que es su bandera, Abidal, que ya levantó una Liga de Campeones en Wembley en 2011 tras su primer regreso, ya sueña con vivir de nuevo ese momento mágico, aunque en un segundo plano: «Si lo logramos, me gustaría que la levantara Tito Vilanova». Seguro que Xavi y Puyol, los capitanes que le cedieron el honor al defensa hace dos años, están de acuerdo. Pero para estar en Wembley hay que eliminar el miércoles al PSG en una complicada vuelta de los cuartos de final. El ‘efecto Abidal’ es la mejor vitamina para un equipo que mantiene la duda de Messi y que no podrá contar con los lesionados Puyol y Mascherano, dos centrales que abren una puerta para un acompañante de Piqué.