Diario de León

Cristiano decide un duelo descontrolado

El Madrid consolida su liderato a una semana del clásico ante un Málaga con más corazón que precisión.

Cristiano Ronaldo, muestra unas marcas en el cuello tras chocar con el portero del Málaga.

Cristiano Ronaldo, muestra unas marcas en el cuello tras chocar con el portero del Málaga.

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ignacio tylko | málaga
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El Madrid se consolidó al frente del campeonato a una semana de recibir al Barcelona pero no dejó buenas sensaciones en La Rosaleda porque asumió más riesgos de los debidos al no adueñarse del balón y no controlar el centro del campo como sí ha hecho con gran suficiencia en los últimos tiempos (0-1).

Decidió un gol de Cristiano en el primer tiempo y las mejores ocasiones fueron siempre del líder, pero el Málaga fue todo corazón y tuvo sus opciones hasta el final. Si juega con esta garra y desparpajo, no debería sufrir para permanecer en la élite. Le faltó acierto en el último pase y en el remate, facetas en las que el presupuesto marca diferencias. Cuando Xabi Alonso y Modric no manejan el partido, el Madrid pierde fortaleza porque juega sin grandeza.

Ancelotti recurrió a la fábula del león y la gacela para advertir a sus jugadores de que en Málaga tendrían que correr para salir triunfantes.

Les lanzó ese aviso a una semana del clásico, a pesar de garantizar públicamente que creía en su responsabilidad, profesionalidad y carácter y que ni por asomo temía su relajación. Sabía el italiano que se trataba de uno de esos partidos trampa ante un adversario espoleado por el triunfo en Pamplona, pero con necesidad de sumar para escapar de la amenaza del descenso. Lo que no se imaginaba quizá Carletto es que Schuster plantease un partido mucho más abierto que los cerrados con exiguos triunfos del Barça y el Atlético en La Rosaleda. Entonces, preparó choques muy defensivos.

Esta vez, lamentó tener que jugar contra el Madrid pero avanzó que sus pupilos atacarían más porque no había nada que perder al tratarse de tres puntos con los que a priori no se cuenta.

Con Isco en escena ante sus paisanos, por merecimientos del joven internacional y por el expreso deseo de Di María de borrarse de este partido por si una amarilla le dejaba fuera del clásico, el Madrid salió a toda mecha. Y se encontró con un adversario que aceptó la ida y vuelta, el descontrol en el centro del campo y las constantes llegadas a las áreas. Diversión para los aficionados neutrales y sufrimiento para esos técnicos que tanto hablan del equilibrio. Seguramente a Ancelotti le gusta jugar con más cabeza y temple que corazón y desenfreno, pero hay excepciones que confirman la regla. Poder disfrutar de espacios lejos de casa se agradece a estas alturas de campeonato. Con metros libres por delante para correr, los líderes son letales.

El mejor Bale Este tipo de partidos son excelentes para Bale y Cristiano y un serio problema para Xabi Alonso, encantado con la pausa y la organización.

El galés no marcó pero, sobre todo en el primer tiempo, participó más que nunca en el Madrid. Percutió por ambos lados, fue una amenaza constante para sus defensores y objeto de un claro penalti que no indicó Martínez Munuera.

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