Sonaron los tambores de guerra
Un Palacio abarrotado empuja al Ademar hacia la victoria y despide a sus jugadores al grito de ‘campeones’.

Los tambores de guerra de la afición leonesa espolearon ayer el alma de un Reale Ademar que, aunque desconcertado en los minutos iniciales de cada tiempo, terminó por engancharse a un encuentro incómodo pero clave de cara a la recta final de temporada.
Como si estuviese en juego el mismísimo pase a los cuartos de final de la EHF, el público abarrotó un Palacio Municipal de Deportes acostumbrado a imponer su ley en las citas trascendentes. La de ayer sin duda lo era y la gente así lo entendió. Ni el mal comienzo de los de Dani Gordo, ni el acierto goleador visitante mermaron el ánimo, más bien, contribuyeron al apoyo incondicional hasta hacer entender a los suyos que aquí cada minuto se sufre al 100%.
Enchufados desde el pitido inicial, los aficionados locales aplaudieron cada gol ademarista, cada buena defensa, cada parada de un redimido Asanin sin dudar jamás del equipo pese al 1-4 inicial, seguros de que la reacción acabaría por llegar tarde o temprano. Y llegó en la recta final del primer periodo, con el 12-11 en el marcador. Los decibelios aumentaban y nadie perdía detalle, ni siquiera en el descanso, cuando un ejército de futuras estrellas —alumnos del colegio Maristas— saltó a la cancha como quien no tiene mañana.
El público aplaudía a sus jugadores y se mostraba complaciente con los jóvenes rivales suecos, a los que supo agradecer el esfuerzo y la profesionalidad. Tan sólo los árbitros consiguieron que la ira leonesa hiciese acto de presencia merced a un par de decisiones cuanto menos discutibles. Enfado que fue mutando en cabreo considerable tras conceder un gol visitante que nunca debió subir al marcador. El éxtasis final de la grada llegó al sonar la bocina. La victoria era lo de menos, lo importante eran las buenas sensaciones transmitidas por un Ademar que debe seguir este camino. Una sonora ovación y el grito de ‘campeones’ dijeron hasta pronto a Europa.