Diario de León
Los jugadores del Real Madrid celebran su primer gol materializado por Illarramendi.

Los jugadores del Real Madrid celebran su primer gol materializado por Illarramendi.

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AMADOR GÓMEZ | SAN SEBASTIÁN
León

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De menos a más, desganado en principio tras las ramplonas victorias del Atlético y del Barça que dejaron tocado su ánimo, pero muy mejorado con el paso de los minutos, consciente de que la de Anoeta era una final en su lucha por la Liga, el Real Madrid tampoco falló ante la Real Sociedad (0-4) para no descolgarse de la cabeza y demostrar que, con tanta contundencia ofensiva, está dispuesto a plantar batalla hasta el último momento.

Aunque sin Cristiano Ronaldo el equipo blanco sea muy distinto, el Madrid también gana, e incluso juega muy bien y golea sin su astro y máximo artillero, porque cuando el conjunto de Carlo Ancelotti se pone serio, decide mandar y le pone ambición, como hizo durante todo un segundo tiempo notable, es muy difícil, y en casi todos los casos imposible, sorprenderle en el campeonato nacional.

En la que se suponía era su salida más difícil de aquí al final de temporada, el Madrid tardó en recuperar las buenas sensaciones, pero cuando lo consiguió, a base de fútbol, de toque y pegada, volvió a mostrarse demoledor y lanzó una advertencia a sus dos enemigos, para que no se descuiden.

Con la ausencia de Cristiano, que tantísimo intimida y tanto miedo inspira en los rivales, el Madrid tuvo que olvidarse del juego directo y dedicarse a combinar, a dominar con el balón y a pasar por encima de una Real que en los primeros minutos prometía mucho, pero se fue desinflando hasta desaparecer a manos de un conjunto poderoso. Sin individualismos, sino con actitud colectiva, reflejada en goles marcados hasta por cuatro futbolistas diferentes; y en solidaridad defensiva y diversas variantes de ataque.

Se encontró el Real Madrid con un gol al filo del descanso, sin merecerlo y casi sin querer, de Illarramendi, nada menos que desde la posición de delantero centro. Sin embargo, después de que el joven centrocampista guipuzcoano pidiese perdón a Anoeta y el entonces injusto 0-1 subiese al marcador, los blancos se soltaron, ejercieron una autoridad absoluta sobre una Real decepcionante y no cabía otro resultado que el que se dio. Entre el golazo con la zurda de Gareth Bale, desde más de 30 metros, al aprovecharse de un error de Bravo, hubo dos remates de los madridistas al larguero y la Real, cuando ya daba gracias porque el resultado no fuese más amplio, se llevó otro par de tantos, de Pepe a balón parado, y de Morata, en una cabalgada desde su propio campo.

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