EN DIRECTO
El fútbol hipnotiza a la favela
El lunes estuve en la Rocinha, la favela más grande de Río de Janeiro y, según algunos, de toda América Latina. Todos los vecinos se volcaron con la victoria de Brasil frente a Camerún y dejaron de hacer sus tareas habituales para concentrarse frente a las diversas pantallas y disfrutar del espectáculo.
No había ni una sola persona que no estuviera con los ojos puestos en un televisor o en la proyección del partido, en muchos casos en hules blancos de cocina o sábanas rotas.
Es invierno en Brasil, pero en Río impera el clima tropical, que provoca que la gente vista en manga corta todo el año. Todo sale a la calle: la comida, la bebida y, evidentemente, los aficionados al fútbol, que son casi todos los brasileños.
El partido, que dio a la «canarinha» el pase a octavos de final del Mundial como primera de grupo, paró toda la actividad que se desarrolla habitualmente en la Rocinha. Todo cerrado: el gimnasio, el banco, la peluquería... Solamente abrieron los bares.
La favela no tiene nada que ver con el FIFA Fan Fest. Es todo más modesto. La cerveza es más barata, las pantallas más austeras y el sonido de peor definición. Pero el ambiente es mucho más animado y natural. Es la vida misma, sin ingredientes artificiales.
Los agentes, evidentemente, también miraron el partido. Sufrieron, celebraron y lamentaron. Eso sí, siempre con la pistola en la mano, por si acaso.
En cuanto el árbitro pitó el final, se desató la fiesta en la favela. La música funky, muy típica de estas barriadas pobres, empezó a sonar de un modo ensordecedor. Las chicas empezaron a bailar sensualmente para celebrarlo. Los hombres las miraban satisfechos, con una cerveza en la mano, siempre medio vacía.
Al mismo tiempo, centenares de pequeños fuegos artificiales salían de casas de toda la Rocinha, lo que provocaba una imagen preciosa, dado que la favela es enorme y está construida sobre una gran montaña. Desde lo más bajo del lugar disfruté de una especie de espectáculo casero que ni los fuegos de nochevieja de Copacabana podrían superar.