MUNDIAl DE BRASIL
Un clásico con drama y tensión
El cruce entre Alemania y Francia trae a la memoria enfrentamientos épicos entre las dos selecciones, que vivieron en el Mundial de España su duelo más intenso.
«Los partidos contra Francia son dramáticos y épicos. Será muy complicado». Así habló Joachim Löw sobre los cuartos de final que se le vienen encima a Alemania, que a lo largo de la historia se ha enfrentado en muchísimas ocasiones a los galos, tres de ellas en los Mundiales con un choque espectacular que para siempre quedó en la retina del planeta fútbol.
Fue en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla, en el Mundial de España 1982, donde ambas selecciones protagonizaron el duelo más recordado, un choque agónico de semifinales en el que hubo de todo: goles, polémica, tensión, una prórroga cruel y unos penaltis agónicos.
Tal vez a ese partido se refería el entrenador de Alemania cuando habló después de eliminar a Argelia en el estadio Beira-Rio de Porto Alegre. Los otros dos, fueron otras semifinales en el Mundial de México 1986 que ganaron los germanos 2-0 y un encuentro por el tercer y cuarto puesto en Suecia 1958 que se llevaron los galos con un marcador abultado, 6-3.
Pero el duelo de los duelos, el partido de todos los partidos, fue el de España 1982 y también se lo llevó Alemania. Ganó en los penaltis tras 120 minutos que pocos se esperaban en el estadio del Sevilla, donde un público cariacontecido disfrutó del que tal vez haya sido el mejor encuentro de la historia de los Mundiales.
Por un lado estaba la Francia de Michel Platini, Jean Tigana, Dominique Rocheteau y Alain Giresse. Por otro, la gran Alemania de Pierre Littbarski, Felix Magath, Paul Breitner y Karl-Heinz Rummenigge. Dos monstruos del Mundial cara a cara en una semifinal que daba un billete al último duelo que iba a ser ante Italia, que horas antes había eliminado a la Polonia de Boniek.
Los noventa minutos del partido fueron duros, con ritmo y alternativas. Hubo dos tantos en la primera parte, uno de Alemania, obra de Littbarski, y otro de Francia, marcado por Michel Platini de penalti. Ninguno de los dos contendientes consiguieron volver a mover el marcador hasta la prórroga. No llegaron más goles hasta que se desató la catarata. Pero, antes de finalizar los noventa minutos, en el 62 concretamente, la tragedia se mascó en Sevilla con una acción desafortunada del portero Harold Schumacher.
Patrick Battiston, que acababa de saltar al campo, recibió un pase de Platini. Se quedó sólo delante del guardameta germano y, con el balón botando, intentó una vaselina cuando Schumacher pasó como un tren de mercancías por delante del jugador francés, a quien golpeó con la cadera en la cabeza en una acción que parecía premeditada aunque él luego lo negó.
Battiston se quedó en el suelo inconsciente e inmóvil ante la desesperación de sus compañeros. El balón no entró en la portería y el árbitro no pito penalti. Schumacher, mientras los médicos franceses atendían al jugador, se dedicó a juguetear con la pelota alejado de la escena. Battiston abandonó el campo en camilla con dos dientes y una vértebra rotos y una conmoción cerebral.
Aquella acción marcó la prórroga. Francia se lanzó a por el partido y marcaron Tresor y Giresse. 3-1 para los franceses y todo decidido. Pero, como dijo Lineker, «el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre gana Alemania». Por eso, Rummenigge y Fischer dieron en la diana y el choque se decidió en los penaltis.
Fue el final más dramático posible para un choque mítico que se repitió cuatro años después en México y que volvió a ganar Alemania. Ahora, 28 años después del último enfrentamiento mundialista entre ambos, volverán a verse las caras. Pocos olvidan el dramatismo de aquel día caluroso de un 8 de julio en Sevilla. Ni siquiera Joachim Löw, que sabe que la épica podría aparecer en otro Francia-Alemania.