Diario de León

Publicado por
Luis del Olmo
León

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El minero de León, de Asturias, del Bierzo, de Palencia y de Laciana continúan buscando una mano tendida de comprensión. Aquí la tiene, en el estadio, porque para todos nosotros, decir mina es decir verdad. A esta Europa de los mercaderes hay que darle una pasada por la solidaridad. Y para dársela ahí están, estos son, los que arrancan el carbón.

Este es un hermoso homenaje. El fútbol asturiano y leonés se acuerda de sus mineros y los tiene en cuenta. Y eso es necesario y muy oportuno, ahora que determinados poderes tienen un especial interés en que nos olvidemos de la mina. No debemos dejarnos arrebatar nuestras señas de identidad. Vivimos en tierra minera y llevamos con orgullo un corazón minero. Y ahora lo decimos aquí, en un campo de fútbol, para dejar bien clara nuestra solidaridad con sus problemas y nuestro empeño en que la mina siga siendo una de las riquezas que han definido, definen y definirán nuestra tierra.

Hace 22 años, los mineros de León iniciaban desde Villablino la primera ‘marcha negra’ hacia Madrid. Los campos curtidos por el sol, recibían a hombres curtidos en la sombra de la mina. «Ahí están, estos son, los que arrancan el carbón». Con su grito de denuncia, encontraron el calor de la solidaridad ciudadana.

Fue una hermosa aventura y la radio la vivió en directo con ellos. Los mineros de Laciana me hicieron entibador honorario y es uno de mis más apreciados trofeos. Sin embargo, no cambiaron mucho las cosas. A esa primera marcha negra, le siguió otra en el 2010 y ahora se prepara una tercera. Porque pasan los años y el minero continúa perdiendo en el cambio.

Si pierde el minero, perdemos todos, porque perder las minas es perder el corazón de la tierra. De nuestra tierra. El minero esculpe la roca extrayendo de ella su energía, a costa de su esfuerzo, e incluso de su vida, y tiene mucho que decir a una sociedad que no concibe lo que es ganarse el pan a cambio de dejarse la negra piel en las galerías. La mina sabe del valor y la fraternidad de unos compañeros que se juegan la vida cada vez que suena la sirena. Los teletipos sólo se acuerdan de la mina cuando se alza en rebeldía y plantea sus reivindicaciones. En los despachos de moqueta y aire acondicionado se decide su futuro, con papeles llenos de cifras y estadísticas. Pero las estadísticas son frías y no conocen el valor y el arrojo del minero. Una vez más volvemos a llamar a cualquier puerta, para reivindicar una solución estable a este dramático problema.

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