Diario de León

LUCHA LEONESA

Gallo que oro no alcanza

El más singular y atractivo de los corros se presenta hoy con su símbolo.

‘Caberín’ alzó en La Robla el último gallo (2013), tercero consecutivo ribereño.

‘Caberín’ alzó en La Robla el último gallo (2013), tercero consecutivo ribereño.

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A. BARREÑADA | LEÓN
León

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«El corro de Ribera contra Montaña, inenarrable». Este era el titular con el que Camino Gallego comenzaba en Diario de León su crónica de aquel encuentro de la lucha, aquel reencuentro de los aluches con su mejor tradición, que el 23 de septiembre de 1984 tuvo lugar en Villafañe. José Antonio González, de Barrillos de Curueño (Ribera), fue el máximo vencedor de aquella jornada, campeón de medios, se mantuvo en el corro para imponerse a cuantos rivales montañeses de pesados le salieron. Se hizo merecedor a dos corderos y un gallo, los símbolos en aquel día de premio para el último luchador en pie y con número máximo de contrarios derribados.

Se recuperaba hace ahora treinta años, a pie de la gran Lancia y el humilde Sollanzo, algo más que una fórmula histórica, una esencia de la lucha leonesa. En enfrentamiento por bandos, como se había medido secularmente la honra de pueblos o comarcas, se fraguó un modelo que fue llevado incluso a aquellas ‘Olimpiadas del Trabajo’ en la capital del Estado que, como la de 1961, hicieron formar fila al corro –que diría Paco Flecha- ante las jerarquías nacionales, según contaban los medios, también nacionales, que se hacían eco de que, en aquella ocasión, ganaron los de la Ribera.

Después de la regeneración del Montaña-Ribera de 1984 hubo un proceso discontinuo (esas cosas de la lucha) a lo largo del cual se pudo ensayar una disputa del trofeo en más de un corro, como se hiciera en 1988, con final disputada en el Estadio Hispánico, cuyo resultado definitivo fuera, 26-13, favorable a los ribereños. En 1993 se mantenía ese sistema, cuando la suerte se inclinó para la Montaña (27-13). Ya el año siguiente se luchaba, en el Palacio de Deportes, a la manera que se consolidó, y, sin interrupción, se ha mantenido hasta el presente.

Francisco José Escanciano fue en aquel día de Santa Bárbara de 1994 el último baluarte de los de la tierra de vía arriba ante los de pesados del llano, pero quien quedó en pie tras el último agarre fue ‘el bonachón de Villasinta’, Mabi Robles. El ‘Che’ ha sido el montañés que en más ocasiones ha alzado el gallo: 1998, 2000, 2002 y 2003; todavía en 2011 no pudo soportar la nostalgia del gran corro y quiso el de Prioro medir cintos con Abel Isaí Cabero. ‘Caberín’ es quien por la Ribera tiene honor parejo, compartido con Alberto Rodríguez ‘El Faraón’, en tres ocasiones cada uno, el que corresponde al último luchador en pie.

En estos veinte años han sido muy equilibrados los triunfos: nueve para la Montaña, once para la Ribera, con un período de dominio de las tierras altas en los primeros años del presente siglo, tres últimas victorias sumadas por los del valle.

A Navatejera se llega este sábado con una situación de gran igualdad de fuerzas, tal como han reconocido en estos días los responsables de ambas selecciones. Suman todos los combates, hacen grande el Montaña-Ribera todos los luchadores y luchadoras, pero... la última responsabilidad recae en los del peso máximo; a no ser que ocurriera como en el mismo pabellón ribereño en 2008, última victoria montañesa, cuando Roberto Rodríguez ‘Bulnes’ fue inesperado triunfador.

El gallo espera. No podrá alzarse como regía en la tradición, porque mandan normas que a veces desbordan hasta la protección de las especies... pero estará en su corro el tótem de la lucha, el que hoy se presenta en Diputación con una tan bella como generosa obra plástica y poética de Adolfo Alonso Ares.

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