la toma de decisiones
Táctica y estrategia del ser
Mogranzini y Barillaro, maestro de ajedrez e inversor, desgranan las similitudes de la toma de decisiones en el juego y las finanzas.

Tableros de ajedrez y pantallas de mercados bursátiles entretuvieron al público ayer.
La mente no está preparada para la volatilidad extrema. Prefiere actuar en su área de confort. Pero ese mundo no existe, al contrario, la realidad es cada vez más compleja y la información más abundante y estresante. Sobrevivir en el mundo real implica no hacerse trampas en el solitario. El número de miedos e inseguridades crece cada día, pero frente a esta realidad sólo cabe diseñar la estrategia (los objetivos marcados a largo plazo) y entrenar la táctica (la capacidad de tomar decisiones en el instante en que es necesario); así como evaluar la posición cada vez que se realiza un movimiento, para ver cómo cada decisión afecta al conjunto. Un tablero en el que se mueve el apasionante universo del ajedrez, pero cuyas reglas encajan a la perfección en el engranaje de los mercados financieros.
Ambos mundos compartieron ayer filosofía y principios en una charla organizada por El Inversor Inquieto, en el marco del Torneo Magistral de Ajedrez, y celebrada en el Club de Prensa de Diario de León. Roberto Mogranzini, Gran Maestro de Ajedrez, y Luca Barillaro, inversor internacional independiente, compartieron experiencias de la mano de María Jesús Soto, directora de El Inversor Inquieto, y del comentarista de ajedrez Leontxo García.
Mogranzini explicó que durante dos años se llevó a cabo un estudio, que ha ido profundizándose, sobre las similitudes en la toma de decisiones en el ajedrez y las finanzas; y la capacidad de entrenar habilidades para responder con eficiencia en ambas disciplinas.
Habilidades que están condicionadas por una participación cada vez mayor de las nuevas tecnologías, pero que al final dependen de la capacidad de razonar y de la toma de decisiones de las personas. «El ajedrez no es un juego terminado. No se ha encontrado la solución. Ningún ordenador puede jugar perfectamente, aunque el mejor jugador sea una computadora». De hecho, las jugadas posibles en el tablero son de 10 con 123 ceros detrás, cuando el número de átomos en el universo, según los científicos, es de 10 con 80 ceros detrás.
En realidad, pese a los avances de las últimas décadas, las reglas fundamentales tanto del ajedrez como de las finanzas siguen siendo las mismas. «Siempre han sido una sucesión de crisis y momentos de euforia». En la Bolsa de Nueva York el 65% de las operaciones se realizan con ordenadores. Con una rapidez que no permite reaccionar. «Eso determina la enorme volatilidad de los mercados, no se puede competir con esta rapidez». En cambio, sí puede encontrarse una fórmula en la que el ser humano siempre supera a las máquinas: la capacidad de razonar.
«Debemos encontrar esas fórmulas que nos ayuden a ser eficientes en un mundo cada vez más complicado. Y eso requiere madurez, desde el punto de vista emocional y de la formación, para no dejarnos llevar por el vértigo de los acontecimientos. Debemos ser capaces de interpretar la información, para no cometer errores. No podemos competir en velocidad, pero sí en análisis. Somos inversores y gestores, no especuladores».
Tanto Mogranzini como Barillaro insistieronen diferenciar la táctica de la estrategia. «En ajedrez se entrenan aisladamente. Hay planes a largo, y planes a corto. Y ahí el pensamiento de un ajedrecista es el mismo que el de un inversor. Tiene una estrategia a largo plazo, pero a veces tiene que acudir a la táctica para decisiones de urgencia, bajo la presión y el estrés».
«Tomar decisiones sin estrategia ni conocimiento sólo puede llevarnos a debilitar nuestras posiciones». Por eso, ante cualquier decisión tomada, es necesario reevaluar el conjunto de la posición. Un ajuste que se mueve entre los patrones que conforman el pensamiento y el conocimiento, y la manera en la que la información que continuamente llega se procesa de acuerdo con esos parámetros establecidos.
Todo ello bajo una máxima: «Los ordenadores pueden ser extremadamente estúpidos. Al final es el ser humano el que toma las decisiones. Porque cuando se acaba la jugada que diseñó la computadora, hay que jugar con la cabeza». Los expertos lo tienen claro: «Los ordenadores deben servir, sobre todo, para evitar errores de bulto. Pero la decisión es siempre del ser».