Agresión arbitral que traerá cola
L as agresiones en el deporte siempre conllevan consecuencias fatales. Y esta ocasión no será una excepción. La violencia en los campos de fútbol de la única forma que se erradica es cuando al agresor dicha conducta no le sale gratis. Esconderse en la masa de un grupo de padres para atemorizar a tres árbitros jóvenes es de cobardes. Y todavía más vomitivo cuando se les agrede tanto verbal como físicamente. A una de las personas que lo hizo en el campo de fútbol de Puente Castro con motivo del partido cadete ante el Club Internacional La Amistad la bravuconada con tintes vergonzantes le va a salir muy cara. Y no es una persona cualquiera. Primero hay que dejar actuar a la Justicia, que para eso está. Y después atajar esa conducta deplorable para que no vuelva a suceder. Que sientan la vergüenza en sus carnes ante la sociedad es el mayor castigo, por encima de la sentencia de unos pocos euros del Juez.
La condena de estas agresiones ruines hacia los colegiados que se encargan de impartir la justicia en los campos de fútbol es el único método para apartar a los violentos de un deporte en el que sobran. Niños que se inician en el fútbol tienen como maestros a auténticos energúmenos que merecen la mayor de las condenas: verse avergonzados en público.