Diario de León
Publicado por
CON DEPORTIVIDAD ROBERTO CANURIA
León

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Sólo queda una jornada para dar por concluida la competición liguera en la categoría de bronce del fútbol nacional, y empezar a pasar página para poder analizar y evaluar la trayectoria de cada uno de los equipos. No han sido las mejores sensaciones, ni los resultados se han acercado a los que un comienzo podían esperarse de los dos representantes leoneses en esta categoría, donde nadie todavía ha puesto los puntos sobre las íes para clarificar si es una categoría amateur o profesional. Depende para que cosas se la cataloga de una u otra forma, es decir sí pero no, sin mojarse y no porque no pasemos por tiempos más que lluviosos.

La escuadra culturalista ha despedido la participación en el Reino de León de una forma descafeinada, y con una línea descendente en toda la segunda vuelta competitiva. Desilusión, falta de ideas y ausencia de confianza pueden ser elementos más que significativos de la trayectoria en la segunda parte de la temporada, que han borrado de un plumazo las buenas expectativas del principio. Una esperanza en tierras gallegas puede maquillar el desenlace, unido a alguna combinación de otros encuentros, entrando en la Copa, aunque no es suficiente para un equipo que quiere ser referente en la categoría. Cuando termine todo, tiempo habrá de hacer balance y ver si lo que con tanta ilusión y motivación se gestó, puede dar sus frutos en un futuro cercano, o el camino trazado comienza a tener demasiadas piedras. El tiempo lo dirá...

El Astorga puede estar viviendo su última etapa en la división de bronce y es que un milagro es lo que puede cambiar el destino, que se torna muy negro. Nada es imposible y menos en este deporte, pero las matemáticas sí son claras y no admiten errores. Muchos han sido los momentos de la temporada donde la inestabilidad ha estado patente en el ambiente y eso hace mella, que se transmite dentro del vestuario y se refleja en el campo. Muchos serán los factores a analizar donde las decisiones tienen su peso, así como pasan factura con sus respectivas responsabilidades, y ahí no existe excusa que valga, ni tenga justificación. El primer año sirvió como experiencia y aviso, pero un segundo sin ciertos cambios suele pasar factura. Solo queda el último día ante la afición hacer el trabajo, esperar y... hasta rezar. Lo demás el destino proveerá.

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