Diploma en el último baile de Carolina
La leonesa echa el cierre a su carrera en el mejor escenario, los Juegos Olímpicos, y con su mejor actuación, octava en la final individual de gimnasia rítmica «Muchas gracias a todos», su despedida.

Carolina Rodríguez culmina su carrera deportiva en el mejor escenario, en los Juegos de Río, y con una actuación histórica que acaba en diploma. TATYANA ZENKOVICH
MIGUEL ÁNGEL TRANCA | LEÓN
Pocas veces una despedida es tan emotiva… y también dulce. Para Carolina Rodríguez su adiós de la alta competición en el mejor escenario posible, el de unos Juegos, resultó todo un ejercicio de belleza y elegancia, aderezado con un merecido diploma olímpico (octava) ganado a pulso en una final a la que la pupila de Ruth Fernández dejó patente que con 30 años tiene cuerda para rato. Pero ella ha preferido dejarlo en todo lo alto, y disfrutando de un deporte que ha moldeado su carácter y marcado el paso de buena parte de su vida. Y en Río, como ha venido haciendo a lo largo de más de un año, su nivel ha sido excelso, sin duda alguna el más alto de su extenso y brillante camino como gimnasta.
Ante la mirada de miles de personas en el HSBC de Río Carolina Rodríguez dejaba claro que su presencia en la final no era casualidad. Y tampoco descabellado pensar que el diploma adornaría como si de un ramo de flores fuera su adiós a la competición. La leonesa se había metido con la séptima nota y quería defender ese escalón, más aún si cabe, disfrutar con ese reto de firmar su mejor actuación en la que ha sido su tercera presencia en unos Juegos.
La pupila de Ruth Fernández salía la séptima en la primera rotación, la de aro. Segura, elegante y dispuesta a arrancar nuevamente como en la jornada precedente los aplausos de la grada, durante el minuto y medio de presencia en el tapiz Carol lo dio todo. Ni un fallo y con una puesta en escena tan personal como plástica recibía una puntuación de 17,616. El público premiaba su actuación con ovaciones y aplausos y cuando quedaba plasmada la nota con murmullos de contrariedad al considerar que la leonesa merecía una mejor valoración. Daba lo mismo, la campeona de España estaba orgullosa de lo que había hecho y la nota, aunque importante, era lo de menos.
La segunda puesta en escena fue tan especial como emotiva. Con una nana como fondo musical la expresividad y elegancia de Carol se abrazaba a su clase para ejecutar el ejercicio. A unos metros su entrenadora Ruth, emocionada, no ocultaba las lágrimas, de emoción y felicidad admirando la clase de su pupila, a la que desde hace más de dos décadas ha pulido su calidad. Los 17,683 puntos asentaban a la leonesa en la octava plaza y abrían distancias respecto a sus más directas rivales por ese puesto, Durunda y Moustafaeva.
En mazas y con un zapateado musical Carolina seguía a lo suyo, o lo que es lo mismo, a deleitar a los espectadores con una perfecta armonía de movimientos y gestos. Y todo en un ejercicio en el que habían fallado Kudryavtseva y Staniouta pero en el que Carol, siempre Carol, estuvo brillante para lograr una puntuación de 17,700. Pero había que poner la guinda con la cinta en la que lograba, con un pequeño fallo, 16,950, que le aseguraban el diploma olímpico en una final en la que Mamun fue oro, Kudryavtseva plata y Rizatdinova plata. Una final en la que la gran Carolina firmaba su último baile sobre el tapiz. Y lo hacía como toda una campeona y con el diploma bajo el brazo.