Diario de León
Diego Costa generó muchos espacios con sus desmarques pero no vio puerta. J. C. CÁRDENAS

Diego Costa generó muchos espacios con sus desmarques pero no vio puerta. J. C. CÁRDENAS

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rodrigo errasti | villarreal

España viajará a Rusia con mucha ilusión y buenas sensaciones en el equipaje. Y también con cierta precaución, ya que el empate final ante Suiza (1-1), a la que dominó pero no pudo doblegar cuando la tenía a su merced, le recuerda que no sólo hay que ser mejor que el rival. Hay que sentenciarlos. España tiene plan. Y delantero, por mucho que su gol lo marcase un defensa imberbe.

Pero perdonó sus opciones y encajó, por un error, en la única ocasión que concedió. Es curioso, pero sucedió ante la sexta del ránking Fifa y que se asocia a un mal recuerdo. En Sudáfrica perdió un partido inesperado ante los helvéticos y ocho años después repitió decepción. A menor escala, porque era un amistoso, y fue un empate. Como aquel día, a España le faltó acabar las jugadas.

La Roja generó ocasiones desde el primer minuto. La primera de un pelotazo de Piqué a Alba, se asoció con Silva que buscó a Costa pero la pelota le quedó a Thiago que rozó el 1-0 obligando a Sommer a una buena parada en el primer minuto. El meta suizo estuvo soberbio. Dominaba España, que controlaba el ritmo con la bola como vehículo. Lopetegui, ante la baja de última hora de Busquets, repitió con Thiago de pivote. Al igual que ante Alemania y Argentina completó un gran encuentro. Fue el diapasón y se anticipó bien para evitar las contras con ayudas de Koke en campo contrario y las correcciones defensivas de Azpilicueta. El navarro que demostró su capacidad de adaptación: fue central izquierdo en línea de cuatro. La confirmación que puede jugar de todo.

España, que demuestra tener las ideas claras en todas sus líneas, también rendía las pocas veces que no tenía el balón, obligando con su presión a jugar en largo a su rival. Cuando encontraba dificultades para acceder combinando encontró un recursos de oro: las descargas de Diego Costa. Todas generaron un peligro posterior pero a los disparos de Silva e Iniesta les faltó dirección. Alba pisó mucho campo rival, pero no siempre replegó a tiempo aunque hizo ayudas que le proporcionaron aplausos de la grada.

En una acción por la izquierda la bola llegó a la media luna a Odriozola, que la pegó de volea con el exterior del pie directa a la red. Mantuvo su idilio con el gol la selección de Lopetegui, que ha marcado en los 19 encuentros de esta era. Pudo ampliar la renta Iniesta después de uno de esos slaloms que echaremos en falta pero su derechazo se quedó sin premio por obra de Sommer. Suiza demostró por qué sólo ha perdido uno de sus últimos 20 partidos (2-0 en Lisboa): sabe sufrir como los grandes.

No perdió su orden ni con los tres cambios que introdujo Petkovic tras el descanso. Esperaba su momento mientras todos miraban a Iniesta, que se llevó un golpe que silenció La Cerámica. Después logró levantar a la afición, cuando aprovechó otra bola dejada por Costa, que dio una exhibición de espaldas aunque le faltó precisión en el remate, para soltar un zurdazo que se fue lamiendo el poste.

Aunque los cambios provocaron una peor versión de España, seguía inclinado el campo hacia el área visitante, con un Odriozola profundo gracias a su insistencia por su carril. Alba rozó el gol después de que Costa intentase un golpe acrobático y también Silva. El gol parecía inminente. Y llegó, pero fue visitante. De Gea, que apenas había intervenido menos en la primera mitad para frenar con un paradón un disparo de Seferovic que después fue anulado por fuera de juego, intentó agarrar un disparo con rosca de Lichtsteiner pero se le escapó. La bola quedó franca para que marcase Ricardo Rodríguez a puerta vacía. Fue un golpe de realidad de lo que podría pasar en Rusia. Buscó España el segundo con un equipo más vertical y de menos pausa. Estuvo cerca. Pero el marcador ya no se movió.

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