Diario de León

Diego Costa deja de estar bajo sospecha

En racha goleadora y más sereno sobre el campo, el delantero de Lagarto ha cerrado el debate sobre el nueve de España.

Isco celebra con Diego Costa el gol que le marcó el delantero del Atlético a la selección de Irán. DIEGO AZUBEL

Isco celebra con Diego Costa el gol que le marcó el delantero del Atlético a la selección de Irán. DIEGO AZUBEL

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Jon Agiriano | krasnodar

En el fútbol conviene relativizarlo todo un poco. No hasta el punto de no creer en nada, claro que no, sino hasta el límite de no olvidar que se trata de un juego donde todo es posible. Ir por ahí aplicando o predicando verdades absolutas suele ser un plan destinado al fracaso. Una de estas sentencias absolutas del fútbol ha sido que Diego Costa no podía encajar de ninguna manera en la selección.

Delantero vertical, voraz y agresivo, muy poderoso con espacios por delante, el hispano-brasileño era un sujeto extraño en La Roja, un equipo al que la inmensa mayoría de sus rivales se le encerraban en casa como si fuera a pasarles por encima un huracán.

Agobiado por la falta de aire, poco dotado para combinar rápido en espacios reducidos, el jugador de Lagarto sufría y hacía sufrir al equipo. Su papel en el Mundial de Brasil no pudo ser más desafortunado. Ante Holanda, sólo acertó a provocar el penalti que sirvió para que España se adelantara. Luego cayó por el precipicio como el resto de sus compañeros. Ante Chile, peleó sin fortuna y contra Australia ya no jugó.

Desde entonces, en el ciclo de cuatro años entre Brasil 2014 y Rusia 2018, poco o nada pudo cambiar en la percepción que había sobre Diego Costa como delantero imposible de La Roja. Del Bosque le dejó fuera de la convocatoria de la Eurocopa de Francia. Se habló entonces de que, aparte de no encajar en el estilo de España, de ser un manazas en medio de tantos finos amanuenses, su carácter bronco y pendenciero le había condenado. Él se defendió. «Si ha sido por mi carácter no voy a venir más a la selección porque yo no voy a cambiar mi manera de jugar», aseguró, dolido.

Cuando llegó Julen Lopetegui en el verano de 2016, Diego Costa era, pues, una pieza rara de esas que uno no sabe dónde colgar porque parece que no pegan en ninguna parte. Y seguía siéndolo dos años después, cuando el técnico de Asteasu fue fulminado por Luis Rubiales en vísperas del debut de España en el Mundial. El delantero no había conseguido dejar de estar bajo sospecha. Sus números habían sido pobres con Lopetegui —sólo cinco goles en partidos oficiales, ante Luxemburgo (1), Liechtenstein (2), Israel (1) y Macedonia (1)—, y también con el Atlético, afectado por su parón hasta enero. En 13 partidos de Liga, tres goles. Nadie podía presagiar, por tanto, que el delantero de Lagarto fuera decisivo para España en esta Copa del Mundo. Es cierto que, antes de viajar a Krasnodar, aseguró en rueda de prensa encontrarse «muy bien, a tope», pero eso lo dicen todos. Diego Costa fue clave ante Portugal con dos goles, uno buscándose la vida en solitario y otro culminando una jugada ensayada. Y volvió a serlo también contra Irán, esta vez con un golpe de fortuna; algo importantísimo. Y es que un goleador en racha, al que le entran hasta los rebotes en la rodilla, vale un potosí en un Mundial.

El hispano-brasileño ha cerrado el debate sobre el delantero centro con goles, la única manera de hacerlo. Además, se le nota sereno en el campo. Parece que Fernando Hierro, que como futbolista tampoco fue una monja de la caridad, le ha dicho que se contenga, que siga yendo a los partidos como a la guerra, algo que suele repetir el jugador del Atlético, pero que al menos respete la Convención de Ginebra porque ahora los árbitros lo ven todo. Y lo está haciendo.

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