Diario de León

JUAN GARCÍA LORENZANA CAMPEÓN DEL MUNDO Y MEDALLISTA OLÍMPICO

«Nadie me regaló nada, si te esfuerzas todo es posible. Si tienes un sueño, lucha por él»

Juanín, uno de los mejores jugadores de la historia, no tuvo un comienzo fácil. Algunos entrenadores le dijeron que no valía para el balonmano porque «era pequeño y poca cosa». Él tiró de frente, hasta convertir su deporte en puro arte. «No hay sueños imposibles y, si luchas, siempre puedes lograrlos», subrayó el extremo leonés durante las Jornadas del Deporte que organiza Diario de León .

El jugador leonés, durante su intervención de ayer en el Club de Prensa de Diario de León.

El jugador leonés, durante su intervención de ayer en el Club de Prensa de Diario de León.

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SERGIO C. ANUNCIBAY | LEÓN
León

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Juan García Lorenzana, Juanín, como le bautizó el Hermano Tomás porque de niño «era pequeño y poca cosa», dejará una huella indeleble en el deporte leonés cuando decida dar un paso atrás. Aún tiene cuerda para rato. Tampoco le falta ilusión a pesar de que lo ha ganado todo. «Siempre hay objetivos por cumplir», subrayó ayer el jugador del Abanca Ademar durante la segunda sesión de las Jornadas del Deporte Leonés que organiza Diario de León.

Repasó toda su trayectoria, desde ese primer recuerdo que le trasladó al patio del Colegio La Granja, cuando veía a su hermano mayor jugar a balonmano. «Tenía que esperar para que me llevara a casa y ahí toqué los primeros balones», rememoró el extremo, que probó otras disciplinas, como el atletismo, el baloncesto o la natación, pero el balonmano «me tiró mucho más», explicó.

Parte de culpa la tuvo el Hermano Tomás, que le llamó para que entrenara en los Maristas. Estaba en infantiles. Allí pasó varios años y vivió «experiencias inolvidables» junto a sus compañeros. Fue en ese patio y en el recinto cerrado del colegio donde empezó a formarse uno de los mejores jugadores de la historia. «Solo pensaba en pasármelo bien. Jugué mis primeros campeonatos, viajábamos y era muy divertido», describe Juanín, al que con apenas 13 años el Hermano Tomás le reveló un vaticinio que terminó por cumplirse. «A ti te voy a hacer internacional. Conmigo acertó, no sé si se lo diría a todo el mundo», señaló, casi al mismo tiempo que el aludido, que estaba entre el público, negaba con la cabeza. Descubrió pronto su potencial.

El Club de Prensa del Diario de León se llenó para escuchar a un deportista de leyenda. Ramiro

Pero también coincidió con algún entrenador que quiso desprenderle de sus sueños. No tenía un físico imponente y más de una vez le dijeron que se dedicara a «otra cosa». Nunca tiró la toalla hasta llegar a lo más alto. «Nadie me ha regalado nada», subrayó. Por eso sabe perfectamente que «no hay sueños imposibles, si luchas por ellos». Está convencido de que cualquier chaval puede lograr todo lo que se proponga aunque ahora no destaque tanto. «Si te esfuerzas, cualquier cosa es posible», insistió Juanín, que en esa misma línea trasladó un mensaje a los muchos canteranos que acudieron a la conferencia. «Los estudios son lo más importante. Hay que disfrutar del deporte y son ellos los que deben elegir. Si tienen un sueño, que luchen por él», apuntó.

Él ha conseguido mucho más de lo que podía imaginar cuando era pequeño. Levantó cuatro de los cinco títulos que lucen en las vitrinas del Abanca Ademar. Ganó la ansiada Champions con el Barcelona, aunque costó más de lo previsto. Y como internacional celebró el Mundial, entre otros éxitos, y un bronce en los Juegos de Pekín, allá por 2008. Es el máximo goleador en la historia de la Asobal. También de la selección. Ha hecho más de 2.500 goles con las camisetas del Ademar, del Naturhouse y del poderoso Barcelona, donde estuvo nueve temporadas, después de tomar una decisión controvertida por aquel entonces. Recibió algunas críticas cuando decidió dejar León para ir a la Ciudad Condal. Algunos no lo entendieron. El deporte tiene estas cosas.

«Cada uno toma sus propias decisiones y tuve la suerte de poder elegir entre los mejores clubes de España. Iba a Barcelona un poco acojonado, a ver qué me iba a encontrar allí, pero me trataron como si estuviera en mi propia casa», agradeció Juanín, al que el tiempo le ha dado la razón. Varias temporadas antes de su fichaje ya era uno de los referentes de ese Ademar de campanillas que ganó una Liga, una Copa del Rey, una Copa Asobal y una recopa de Europa.

Manolo Cadenas, un técnico con el que ha compartido más de la mitad de su carrera, le dio la alternativa en 1995. «Empecé a formar parte del primer equipo. Vino un día y me dijo, ‘has demostrado que puedes entrenar con nosotros, ahora demuestra que eres capaz de jugar a nivel profesional’», recuerda el habilidoso y rápido extremo.

El de Valdevimbre le «imponía», como al resto de los integrantes de la plantilla. «Era muy exigente», matizó. Confió en él y Juanín aprovechó la oportunidad. «Estuve diez años en el equipo, conseguimos títulos y fui capitán del Ademar, algo que ni si quiera imaginé cuando era niño», puntualizó el jugador leonés, que guarda en un lugar privilegiado de su memoria aquella Liga que le arrebataron al Barcelona.

«Habíamos perdido a varios jugadores, éramos un equipo muy joven y encima empezamos muy mal la temporada, pero llegamos campeones al Palau, en la última jornada, algo impensable, ni si quiera por nosotros», explica Juan García, el artista, quien se acordó también de la Copa Asobal, y de esas dos finales perdidas, hasta la victoria épica en la prórroga contra los azulgrana.

La Recopa de 2005 fue su último título con el conjunto leonés. Lo ganó pocos meses antes de hacer las maletas y encarar su enésimo reto. «A Barcelona iba con mucho miedo. Me querían hacer un contrato largo, pero yo preferí que fuera más corto porque nos sabía si tendría que volver con las orejas gachas», aclaró Juanín. Un año después firmó una ampliación.

De blaugrana lo ganó todo, pero no fue un camino de vino y rosas. Llegó a un club que la campaña anterior había conseguido la Liga de Campeones, su principal objetivo, pero tuvo que esperar hasta 2010 para sumarla a su palmarés. Fueron unos primeros años de sequía, con un Ciudad Real que encadenó cuatro ligas, hasta que el Barcelona recuperó una hegemonía que todavía dura. Con él en la plantilla, los culés ganaron cuatro títulos de Asobal de los nueve seguidos que acumula.

Después llegó otro momento amargo. El Barcelona le comunicó que únicamente le iban a renovar por un año y tuvo que darle vueltas a la cabeza para aclarar su futuro. En ningún momento pensó en la retirada. Acabó en Logroño, que también jugaba la Champions. «Me atraía su proyecto», apunta. Estuvo un año.

Mientras tanto, la directiva del Abanca Ademar hacía cuentas para ver cuándo podrían traerle de vuelta. «Tano —Franco— me dio la oportunidad de volver, puso toda su predisposición y yo también. Resultó muy fácil llegar a un acuerdo», revela el extremo, «encantado» de cerrar el círculo en el mismo club que le vio nacer. Esta es su cuarta temporada en León tras regresar en junio de 2015.

Pretende que no sea la última. No piensa en colgar las botas. A sus 41 años se ve con fuerzas suficientes. «Siempre he dicho que seguiré hasta que el cuerpo aguante», reconoció el jugador del Ademar, que no ha perdido las ganas a pesar de llevar más de dos décadas en la élite.

«Me gusta entrenar y competir, aunque es duro. Nunca he tenido lesiones graves, he intentado cuidarme y hacer una vida sana», asegura Juanín, al que ni si quiera los tediosos viajes por Europa le quitan la ilusión. «Es duro, pero me gusta», insiste. Dice que «no borraría nada de su carrera» porque las derrotas también le han curtido. Son parte del juego y hay que «saber digerirlas», declara. «Lo que hay que hacer es esforzarse más en la siguiente», continúa Juanín, quien valora que en el Ademar haya ahora cinco o seis jugadores que han salido del colegio Marista, algo que se «fue perdiendo cuando aumentó el nivel del equipo».

El afán de superación es algo que le ha acompañado siempre. «En la vida, como en el deporte, si no piensas en mejorar empeoras», defendió el jugador más importante en la historia del Abanca Ademar, todo un ejemplo para decenas de niños y niñas que dan sus primeros pasos en el balonmano. Su hijo, de momento, prefiere el fútbol. «Lo importante es que haga deporte», subrayó.

Quizá algún día veamos a Juanín en los banquillos. De momento ha trabajado los últimos años con la cantera del Ademar, pero todavía lo ve como algo lejano. «Entrenar es más difícil que jugar, aunque me encuentro bien formando a los chicos en todos los sentidos», alegó Juanín, un deportista de leyenda que no presume de ninguno de sus títulos. Prefiere mantener la humildad que le caracteriza. Lejos de los focos y pegado al parqué del Palacio. «Es un orgullo estar dentro del elenco de deportistas que participan en estas jornadas de deportistas leoneses que han hecho historia», agradeció ante un Club de Prensa abarrotado. Le arroparon varios de sus compañeros del primer equipo y el presidente Cayetano Franco. Ese «niño pequeño y poca cosa» es hoy un gigante del balonmano español. Y eso que nadie le regaló nada.

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