Diario de León

Derbi en el Reino de los cielos

La fiesta vivida en el Reino de León con dos aficiones volcadas con la Cultural y la Deportiva manifiesta que ambos equipos merecen competir al menos en una categoría superior La grada vibró con sus colores.

El estadio Reino de León acogió a algo más de 11.000 aficionados que siguieron el partido Cultural-SD Ponferradina animando sin desmayo a sus equipos. MARCIANO PÉREZ

El estadio Reino de León acogió a algo más de 11.000 aficionados que siguieron el partido Cultural-SD Ponferradina animando sin desmayo a sus equipos. MARCIANO PÉREZ

Ángel Fraguas
León

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El Reino de León pareció el reino de los cielos. Unas gradas plenas de aficionados de los dos equipos, volcadas con sus respectivos colores. Sentimientos a flor de piel por y para animar al equipo de sus amores. El derbi provincial volvió por todo lo grande. León se vistió de fiesta. Los seguidores culturalistas y bercianos elevaron el nivel de sus futbolistas con gritos que se escucharon en una ciudad leonesa encendida por el fútbol desde primeras horas de la mañana en el casco antiguo de la capital. Mientras, los algo más de un millar y medio de seguidores desplazados desde el Bierzo no dejaron solos ni un minuto a sus futbolistas. Los fieles blanquiazules piensan que estos serán los futbolistas que devuelvan al equipo a Segunda División. Los hinchas desde la grada no se amilanaron nunca ante una afición local mucho más numerosa en su propia casa. Los enfrentamientos verbales se quedaron sólo en eso, en palabras que seguramente se quedarán en el campo, porque al igual que suelen afirmar los protagonistas del balón lo que sucede en el terreno de juego allí se queda.

Dos aficiones orgullosas por sus respectivos clubes de sus amores. Tanto Cultural como Deportiva tienen legiones para salir a pelear contra cualquiera. La fiesta que se vivió en las gradas del Reino de León merece un escenario de otra categoría. Cultural y Deportiva tienen la obligación de subir a Segunda División. Sus respectivas aficiones se merecen vivir el fútbol profesional, porque sus fieles se dejan las gargantas y mucho más por sus colores.

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