OPINIÓN Ricardo Gallego
Lemerre tiene al enemigo en Francia
Qué difícil es jugar el partido inicial de un Mundial. Llegar a un estadio que está más pendiente de la ceremonia de inauguración y comprobar que el encuentro que se va ha jugar a continuación no cuenta para nadie, no es nada agradable para los jugadores. La concentración a la que debe llegar un jugador viene también aumentada por el ambiente de fútbol que se respira alrededor del estadio. En la inauguración de un Mundial eso no existe. Jugar como campeón no es fácil. Si lo haces contra el equipo de un país que no tiene nombre dentro del fútbol, aún más. El nivel de países como Senegal, en el creer general, no es el que corresponde a la realidad. Es muy probable que el partido de este viernes hubiera más jugadores de Senegal que juegan en Francia que jugadores franceses que juegan en su propio país. Esos jugadores que poseen la fuerza natural, velocidad y dureza de su país añaden una experiencia técnica superior que adquieren en los países que les acogen como extranjeros, con lo que les convierte en rivales más temibles de lo que a priori cualquiera podría suponer. Para muchas selecciones Senegal es una desconocida, pero para Francia no debe de ser así. Hay que conocer al rival, preocuparse por documentarse. El seleccionador francés tiene al enemigo prácticamente en su casa. Ha de mostrar a sus jugadores contra quien iban a jugar y cuales son las virtudes del rival, a saber, en este caso, entrega, velocidad y aunque parezca mentira bastante técnica. El Mundial no empieza con sorpresa, tan sólo demuestra que el fútbol ya no es de unos pocos sino de todos y sin excepción. Frase que probablemente hemos escuchado a más de un jugador y que viene a demostrarnos que los que más saben de este deporte son precisamente los profesionales.