Diario de León
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León

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La singularidad de la jornada -sólo el fútbol con la Cultural en liza- propició un tropiezo que no un tropezón. El Ávila con mucho que ganar y poco que perder, se alzó con el botín de la victoria en un partido trabajado, disputado con dureza, farragoso, al que contribuyó el mal estado del terreno de juego. El contrario y los «elementos». Y el barco culturalista resultó tocado que no hundido, ni mucho menos. Se sigue navegando por el mar de la clasificación, aunque se haya perdido un puesto, cuestión meramente anecdótica -eso al menos esperamos y deseamos-, antes se estaba segundo y ahora tercero. La competición sigue. Habrá que ir partido a partido, consolidando un puesto privilegiado en la clasificación, mirando hacia adelante sin volver la vista atrás. Y en esa mirada hacia adelante espera el domingo, en el Nuevo Amilivia, la visita de un contrario nada fácil -el Alcalá, vencedor- por cierto del Zamora en partido muy disputado que pudimos ver por televisión. Únicamente esperar que los golpes sufridos por Redondo y Herrero no tengan trascendencia como lesiones indeseadas; porque ambos habían demostrado un gran momento de forma, particularmente Herrero (garra, velocidad, sentido de la vertical, gran fondo físico). Es, pues, momento de asimilar convenientemente el traspiés sufrido, procurando que el tropiezo suponga avanzar dos veces, cual suele ocurrir con quien tropieza y no da con los huesos en el duro suelo. Es cierto que hay equipos que vienen fuertes desde atrás, pero ello sólo puede ser motivo de preocupación para cerrar todas las puertas a las sorpresas. Queda mucha Liga por delante, hay que templar nervios, como quien templa gaitas para que suenen armónicamente en el futuro. Al margen del partido de la Cultural, la semana discurrió entre la ilusión y el desencanto. La selección de balonmano, en la que figuraban los jugadores ademaristas Juanín y Colón, se quedó con la miel de las medallas en los labios después de hacer partidos extraordinarios de fuerza y efectividad. Las piedras en el camino que frustraron la mejor ocasión de todos los tiempos balonmanistas, fueron los minutos de la segunda parte del encuentro con Croacia, donde incomprensiblemente se dilapidó una renta sustancial, encajándose un increíble siete a cero, sin que nadie -menos quien debía y podía cuando menos intentarlo- pusiera el remedio indicado. Cuando se reaccionó quedó demostrado que aquellos minutos incomprensibles no debieron pasar la negativa factura que pasaron. Gran partido, dos prórrogas... Remar y remar para quedar en la orilla, con la moral tocada y el cuerpo ropo por el esfuerzo realizado y por la decepción. Así, el partido frente a Francia no tuvo historia, mejor dicho la tuvo para los franceses, en tanto los croatas, frente a los alemanes, se colgaron la medalla de oro. Muchas lagunas en el juego de la selección; mucho individualismo que en ocasiones resultó y en otras, las más importantes, las finales, las decisivas, fue nefasto. Apenas se usó el contraataque y los extremos, casi siempre, oficiaron de «floreros» al no recibir balones... En fin, vayamos a lo positivo que por otra parte es lo que nos concierne: Juanín y Colon tuvieron actuaciones excelentes; en Ademar tenemos un flamante campeón del mundo, el croata Metlicic, y como consuelo queda -¡qué remedio!- del logro del primer gran objetivo que se llevaba, la clasificación para los Juegos Olímpicos. Otros ilustres del balonmano quedaron en el camino, tales Dinamarca, Suecia o Yugoslavia... (ya se sabe, quien no se consuela...).

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