OPINIÓN López Clausín
La fortuna como mejor aliada
El gol de Irazusta facilitó el arbitraje del colegiado asturiano Torre Alonso en los segundos cuarenta y cinco minutos. En la primera parte no supo cortar los malos modos de los jugadores del Alcalá. Pese a estar físicamente muy bien, norma general de los árbitros de la Segunda División B, en ocasiones no se situó correctamente para orientarse mejor en la dirección del encuentro. Como también es costumbre en los árbitros de esta categoría del fútbol español no recibió el auxilio de sus asistentes como merecía. Sobre todo por Villazón Sánchez, que le equivocó en multitud de acciones. No así de Nanclares, que estuvo bien en su cometido. Se notó que este último suele hacer líneas, mientras que el primero no las ejecuta con asiduidad. En el aspecto disciplinario, el principal no anduvo fino, sobre todo perdonando la expulsión del jugador del Alcalá Toñín, por la entrada que sufrió Redondo, que le hizo retirarse del campo lesionado. No supo imponerse ni cortar de principio las malas maneras de los componentes de la escuadra madrileña. Como casi todos los equipos de la capital de España, la divinidad hace mella en muchos de sus componentes. Ello conduce a situaciones tan lamentables como las que se vieron tanto en el césped como fuera de él. La prepotencia nunca es buena en materia deportiva. El árbitro debería de repasar el arbitraje en su descanso.