Rela Madrid 2 - 1 Juventus
El Madrid se agarró a su extraordinaria pegada para resolver a su favor, aunque fuera por la mínima y con enormes sufrimientos, un choque incierto y muy discreto en el que no fue superior al Juventus. Dos acciones aisladas de Ronaldo y Roberto

Foto de Schauble
Aunque los merengues pudieron incrementar la renta al final, evidenciaron hallarse en un mal momento. Fue un equipo ramplón, sin desborde por banda, sin conexión entre el centro del campo y el ataque, esta vez con dos delanteros. Y aunque su fútbol no maraville, es elogiable la disposición táctica del Juventus, un equipo que no descompone su figura y sabe a lo que juega. En individualidades, que al final suelen decidir, es muy inferior al Madrid pero como conjunto, como bloque, como equipo, es superior. Si Del Bosque se comprometió con el ataque, con la búsqueda del gol, Lippi, fiel a la escuela italiana, se decantó por reforzar la zaga y suplir las fundamentales ausencias del central Montero y de los dos medios centro, Tacchinardi y Davids, con Iuliano, Conte y Tudor. Lo previsto, un equipo más para conservar que para atacar. Por lo menos, siempre en pro del fútbol, no cambió el sistema, ni jugó con tres centrales, ni tampoco quitó a uno de los atacantes. Todo bajo el guión El partido respondió al guión previsto, con dominio blanco y repliegue juventino, aunque tampoco cabe hablar de catenaccio. Con su dibujo, empero, el Madrid no se sintió a gusto. Por momentos, los dos arietes ocuparon el mismo espacio y se estorbaron. Echaron en falta, además, un mediapunta que les surtiera de balones, ya que Guti actuó retrasado. Y al equipo le faltó romper por banda. Ni Zidane, pese a sus genialidades en cualquier zona, es un futbolista que ofrezca sus mejores prestaciones pegado a la cal, ni Figo es el que era. El portugués tiende cada vez más a huir del extremo y venirse al centro, a participar en el toque, en la organización del juego. El choque, más táctico que vistoso, era anodino, sin apenas ocasiones. Mucho centrocampismo, juego lento y bastante parón. Lo ideal para el Juventus, que además observó cierto nerviosismo en la zaga local, lógico tras el 1-5 del Mallorca. Trezeguet pudo aprovechar incluso un error tremendo de Helguera, que midió mal en el salto y dejó solo al francés, que por fortuna disparó fatal. El Madrid, desajustado, desequilibrado, no se hallaba a sí mismo y no traducía en ocasiones su dominio. La única, un golpe franco magistral de Zidane ante el que Buffon acreditó su condición de número uno. El estadio observaba en silencio, preocupado. Pero el Madrid tiene una cualidad que no posee nadie, y es su pegada descomunal. La primera vez que Morientes, aún cayéndose, y Ronaldo se encontraron, el brasileño no perdonó. Todo se puso de cara al campeón puesto que el Juventus sufre si debe atacar y no contragolpear. Como buen italiano, se maneja de maravilla con el marcador a favor pero fatal si pierde. Con Zidane en plan líder, el Madrid disfrutó de buenos minutos, de un par de buenas llegadas, pero por culpa de una distracción, de un despiste, de una suerte pésima y de una posible falta de Del Piero sobre Salgado, se marchó empatado al descanso. Trezeguet no perdonó y anotó un gol clave. El Madrid acusó el golpetazo y salió desorientado en la reanudación. Quiso llegar rápido, con excesivas prisas, sin paciencia. Se partió en dos y eso puede suponer el suicidio frente a una escuadra italiana que puede no brillar pero jamás pierde la posición. Y encima se retiró enseguida, lesionado, Ronaldo. Una baja fundamental porque, más allá de sus goles, es un futbolista que atemoriza a los adversarios, que les obliga a vivir en vilo. Parte de la grada pedía a gritos un futbolista con desborde en banda como Solari pero Del Bosque mantuvo su idea inicial y alineó a Portillo. Se veía más próximo el gol italiano pero, de nuevo, el Madrid se agarró a su poder de definición, a un zurdazo aislado de Roberto Carlos. Y ahí murió el partido definitivamente.