Soñar de pesca, despertar de pesadilla
Tienes una cita con la caña que, después de casi un año de espera y, previa la correspondiente limpieza, se la nota impaciente, como presintiendo que será utilizada de inmediato flexionando por encima de las aguas de un río, que templa o riza su superficie en función del desnivel del cauce, formando torrenteras, cascadas, corrientes, raseras, pozos, tablas, mangas y regatos, y que sentirá en algunos momentos fuertes tirones que la harán estremecer, mientras la tensión subirá hasta curvarse casi por completo, y no cesarán hasta que la pieza enganchada sea extraída del agua. Todos los demás aperos (carretes, moscas, cucharillas, botas, chubasquero, cesta, sacadora, etcétera) se debaten nerviosos en sus prisiones, esperando el momento de volver a ver la luz del sol, tamizada por entre las ramas de árboles y salgueras, despertando ya del obligado sueño invernal, coincidente con la veda. Obligado a preparar concienzudamente todo cuanto has de necesitar para ejercer de pescador, principalmente todos los instrumentos ya mencionados, escogiendo las más efectivas moscas, o cucharillas, o cebos del tipo que tengas por costumbre emplear, deberás reunir también toda la documentación exigida, como licencia, D.N.I., tarjeta de sociedad colaboradora (si colaboras) y permiso para el coto que te han asignado, además del librito de normas (imprescindible para no delinquir), que te habrás estudiado con sumo cuidado, quedando enterado del tamaño, del cupo, de los cebos permitidos, del horario autorizado para pescar, del itinerario a seguir por carreteras, caminos de concentración parcelaria, caminos de carros o tractores y senderos por donde conseguirás llegar al lugar elegido. Durante esta víspera estarás pendiente del tiempo que hará, y concertarás la cita con tus compañeros sobre la hora adecuada para partir. Un rápido repaso al coche y ya lo tienes todo previsto, nada puede fallar, por lo que te dispones a aplacar tu nerviosismo durmiendo, disfrutanto de un sueño reparador que temple tu organismo y tu mente, hasta tanto suene el despertador, al que en esta ocasión te agradará oir. Ya te has levantado, reunido con tus compañeros, viajado hasta el lugar previsto y con la caña montada y dispuesta para comenzar los lances. Has madrugado para pescar a cucharilla y observas que el río viene con el caudal adecuado y que las echadas a tu alcance son de cine , por tratarse de un lugar donde el río se divide en dos ganchos buenos y un regato, con los correspondientes desniveles, corrientes y remansos, ideales para que en ellos puedas enganchar algunos ejemplares, quizá alguno de buen tamaño. Comienzas a actuar y lanzas, y repites el lance afinando más la puntería, pero no parecen estar dispuestas a morder, por lo que cambias de echada y, otra vez y muchas más; pruebas fortuna en todos los rincones donde necesariamente tiene que haber alguna, pero nada. Avanzas doscientos o trescientos metros y vuelves a insistir en la entrada de un gran pozo, donde la corriente entra decidida y produce un enorme remanso en la margen opuesta. Al caer la cucharilla la dejas que profundice un poco y la arrancas con un fuerte tirón. Ahora sí, ahora ha mordido un ejemplar que parece de buen tamaño. Le haces atravesar el pozo revolcándose entre dos aguas y consigues acercarlo a tu sacadora. Se trata de una trucha de unos trescient os gramos, muy bonita (hasta parece fario), que estrena esta temporada tu cesta, en la que has hecho una cama de espadañas o hierbas para depositarla encima. No hay problema con el tamaño. Continúas tu labor con insistencia y después de cientos de lances sólo consigues que te pique una sardinilla que apenas sobrepasa el tamaño de un cigarrillo y que devuelves al agua, de acuerdo con la ley. Han pasado ya tres o cuatro horas y te cansas del sistema. Máxima tensión Te has ganado un pequeño descanso y aprovechas para comer el bocadillo que te hará resistir hasta después del mediodía, pues durante este tiempo habrán entrado en actividad las truchas, al producirse la eclosión de efémeras, y será el momento adecuado para picar varios ejemplares. No sabes si poner la pluma (mosca ahogada) o cambiar de caña e intentarlo con la mosca seca. Te decides por lo primero y colocas un aparejo de cinco moscas, todas ellas adecuadas, disponiéndote a probar, pues ya se ven mosquitos volando, aunque todavía no has visto ningún círculo en la superficie, señal inequívoca de actividad de las truchas. Escoges una rasera adecuada en la salida de una buena tabla y comienzas los lances y las recogidas, aprovechando las riberas, las ramas dentro del cauce, las enormes piedras con remanso, y parece que va a empezar el baile, pues ya se ven círculos en la superficie. En efecto, una nueva picada te reanima, pero después de haberla traído unos metros, se suelta y no te importa, porque era de talla dudosa. De nuevo muerden el anzuelo, pero ahora se trata de truchas pequeñas que has de devolver. Las grandes o medianas parecen hacerse de rogar, y sigues, y sigues, y sigues cosiendo el río con tu flamante aparejo de moscas escogidas, pero da la impresión de que no se mueven las de la talla. Es raro, porque el día está adecuado, nublado, casi lluvioso, el coto fue bueno en tiempos, pero eres incapaz de engañarlas. Te has encontrado con dos compañeros que se quejan de lo mismo, pues uno tenía dos truchas de poco mas de la talla y el otro ninguna. «Tiene la culpa el agua que viene de nieve», dicen, pero es el comienzo de la temporada y siempre están menos recelosas... Además, no se las ve por las orillas, como antaño, y todo parece confabularse para que vayas perdiendo el interés y, como consecuencia, comienzas a sentirte cansado y decepcionado, estado que sigue a tantas horas de tensión, sin resultados positivos. Cesan también de observarse los círculos en superficie y todo queda como parado, aunque sigues viendo y sintiendo el agua como en una película, sin conocer su vida interna. Recoges, te reúnes con tus compañeros, coméis, comentáis, jugáis la partida y regresáis cabizbajos y meditabundos, pensando el porqué del colectivo fracaso, y esperando que en los otros dos cotos que os quedan los hados os sean propicios y podáis compensar el déficit. Será difícil si no coincidís con una repoblación reciente. Y el resto de la temporada... ¿dónde pescaréis? En lo libre sólo se pescan pescadores y rabietas, pero podéis acudir a algún coto intensivo, donde va mas gente que a lo libre. Y entonces te preguntas dónde puedes adquirir experiencia real: ¿en los tramos sin muerte? Y, pensándolo bien, ¿para qué quieres adquirir experiencia si dentro de poco no te valdrá para nada? ¡Es igual, seguirás manteniendo la ilusión, aunque sólo sea por el recuerdo, viendo la tele!