| Crónica | Un día en el río |
Conductas del mal pescador
La conducta del pescador de caña es una de las asignaturas pendientes dentro del conglomerado de actitudes que, por muchas prohibiciones y normas que se dicten todas las temporadas con la sana intención de contener los instintivos excesos, siempre se echan en falta si nos referimos a una educación fluvial conservadora de la fauna y de todo el conjunto de su hábitat, como cauces, riberas, árboles, salgueras, algas u ocas, insectos, etcétera, y que casi nunca respetamos lo suficiente como para poder presumir de verdaderos ecologistas. Podría decirse que para conseguir un comportamiento uniforme sería necesario llevar a cabo un cursillo intensivo sobre el tema para la mayoría e incluso una consulta psiquiátrica para algunos de los componentes del grupo, reacios en absoluto a regirse por normas restrictivas, actuando como avasalladores del medio y sin ningún respeto hacia la colectividad. Es cierto que todos, absolutamente todos los pescadores estamos sensibilizados contra las actuaciones de los organismos a quienes les compete la conservación de este medio ambiente en sus aspectos mas importantes, como la contaminación, el furtivismo y la burocratizacion excesiva, así como la vigilancia efectiva (diurna y nocturna), lo mismo de los peces que de las aguas. Es labor a la que están obligados tanto la Confederación Hidrográfica del Duero con sus inspectores (si los tiene), como Icona con su guardería, además de la colaboración del Seprona cuando sea necesario, para hacer entrar en vereda a los ayuntamientos sin depuradoras, a las industrias de todo tipo (incluidas las lácteas, que tienen en su haber algunas de las mayores mortandades de truchas), a lo s establos que vierten por la noche todos sus detritus, heces y orines (para que no se note durante el día), a las graveras que abusan de su prepotencia sobrepasándose en sus derechos sobre los cauces, y a todos los transgresores que produzcan polución o deterioren el normal desenvolvimiento del medio en su estado mas aproximado al puro. Todos parecen tener patente de corso. Como quiera que la antedicha sensibilización produce en los individuos una reacción de venganza equivocada, cada cual aprovech a el momento propicio para infringir cualquiera de las normas dictadas, sin darse cuenta de que esta actitud daña al conjunto, y el conjunto lo componemos todos los aficionados. Se pueden poner innumerables ejemplos que lo corroboran. Uno de los más comunes podría ser el del pescador que, tras una jornada de aburrimiento total por la falta de picadas de ejemplares de talla, decide apropiarse de las pocas pequeñas que por equivocación hayan mordido su anzuelo. Depredadores de río Dentro de este grupo está el que olímpicamente coge todas, grandes y pequeñas, escondiendo estas últimas donde puede, porque dice que son las mas sabrosas. También el que respeta la talla siempre y que, como en varias ocasiones apenas se ha estrenado, cuando coincide en un buen tramo de coto donde se hayan repoblado recientemente, extrae algunas más del cupo establecido, pues considera que el río le debe aún muchas mas. A veces nos encontramos con fulanito que siempre lleva varias truchas pescadas, mientras los demás sólo las añoran, y que no se recata mucho de decir que él las pesca a hueva de salmón, procedimiento prohibido por su gran efectividad, pero autorizada su venta. Sólo se expone a que le pillen, pero... ¿cuándo? Para justificar que está pescando a otro cebo, lleva una lombricera o gusarapera en el cinto, con ejemplares de estos cebos. O el que pesca siempre que puede a ninfa, pues a los demás cebos no coge ninguna. Está también el furtivo que conoce el horario del guarda del coto, y que madruga lo suficiente para estar durante dos o tres horas pescando al cebo que le venga en gana, retirándose a tiempo. O el que pone banderillas al atardecer y las recoge de madrugada. Pero nos estamos metiendo en el terreno de los furtivos, que han tenido vacas gordas durante muchos años, pero ahora se hallan en declive por falta de piezas. En lo que se refiere a los cotos sin muerte, hay quien se divierte durante el día y, cuando llega la hora del sereno (en que todos los gatos son pardos) hace el acopio que puede y regresa tan contento: buen ejemplo el del representante de esa asociación que llevaba en su coche el producto de este fraude ¡dando ejemplo! Asunto mas grave aún, si tenemos en cuenta que se prolonga este tipo de pesca hasta finales de octubre. ¡A menos truchas, mas tiempo de pesca! Educación cívica En cuanto a la educación cívica respetando los derechos del prójimo referidos a distancias, casi nadie lo hace, debido a la aglomeración de pescadores en las orillas de las zonas libres, donde siempre hay enganchones de aparejos cruzados y las consiguientes broncas. Los vadeadores, utilizados en principio para la mosca seca, han sido y son los instrumentos utilizados por los más desaprensivos para pisotear el río, atravesando o andando por el medio del cauce aunque sea relativamente profundo, para pescar desde allí las dos orillas, en perjuicio de los que sólamente usan botas, lo que ocasiona crispaciones, insultos y lanzamiento de piedras. Cordialidad pura. En la actualidad se usa para cualquier clase de cebo. Esperemos que no se autoricen también los denominados patos, que llevan un flotador por debajo de las axilas, para los casos en que el vadeador no sea suficiente y tengan que flotar, literalmente. La recomendación de no pisotear los frezaderos al principio de la temporada es como hablar en un idioma desconocido. En un principio, cuando dos pescadores se encontraban, se saludaban y conversaban sobre la actividad de las truchas, el tiempo, las picadas, el cebo preferido, etcétera, incluso se enseñaban los mosquitos a los que entraban. Actualmente no se saludan y se consideran contrincantes, por lo que huelga decir nada, Pero, si se conocen y por casualidad se preguntan por el mosquito adecuado, que tengan la seguridad de que le indicarán otro. Igual ocurre con los lugares en que haya picado alguna: ¿Dónde? En el río tal a las dos (mentira). Llega la hora del bocadillo y todos los envases de papel, plástico, lata o bebidas quedarán como muestra de que el lugar ha sido violado por unos energúmenos, que luego, en sus casas, presumirán de una limpieza exagerada. Las basuras de las orillas lo demuestran y las excepciones confirman la regla. Todo lo expuesto e infinidad de actuaciones deplorables más forman parte del comportamiento de los pescadores en lugares que dicen amar sobre todas las cosas. ¿Dónde está la conciencia del buen hacer y el respeto hacia los demás?