OPINIÓN
Los fangos de noviembre
LA SELECCIÓN española se ha visto metida de lleno en los «fangos» de la repesca, que tendrán lugar en noviembre, para alcanzar la Eurocopa de Portugal 2004, debido a los «lodos» con los que se impregnó en el nefasto junio. España pasó de tener el billete para el torneo continental en su mano a cedérselo a Grecia, que no ha consentido que nadie se lo arrebatara. El equipo de Iñaki Sáez llegaba a junio con el viento a favor. Todo hacía presumir que de los partidos contra Grecia en Zaragoza e Irlanda del Norte en Belfast saldría con el pase asegurado casi matemáticamente. En cambio, sucedió todo lo contrario. España, con sus hombres «tocados» en el aspecto físico, sin excesivas reservas y sin chispa, sucumbió en La Romareda ante los helenos (0-1) con un inesperado tanto de Stylianos Giannakopoulos. Pero su falta de recursos y sobre todo de acierto se acrecentó en Windsor Park, donde la selección hispana certificó la entrega del testigo del liderato a los griegos. El empate a cero fue el castigo a un conjunto español que quiso y no pudo. Mientras tanto, Grecia, adiestrada por un hombre de fuerte carácter como el alemán Otto Rehhagel, supo rehacerse a la derrota inicial ante España y tras confirmar sus pretensiones en Zaragoza ya no abandonó el mando, con resultados ajustados pero suficientes. Junio obligó al equipo de Sáez a navegar contra corriente, pero para el regreso de la competición en septiembre Grecia estaba ya crecida, lanzada y con una velocidad de crucero suficiente para no fallar ante Armenia e Irlanda y rubricar su vuelta a una gran competición. Al menos el encuentro ante Ucrania en Elche permitió a España no hacer más profunda la herida. La última opción de hacerse con el liderato era algo cercano al milagro, por cuanto pocos confiaban en que Grecia fuera a dejar escapar la victoria en casa ante Irlanda. Hasta los internacionales estaban ya mentalizados de que irían a la repesca.