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JOSÉ ANTONIO PASCUAL
León

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LA SELECCIÓN española se ha visto metida de lleno en los «fangos» de la repesca, que tendrán lugar en noviembre, para alcanzar la Eurocopa de Portugal 2004, debido a los «lodos» con los que se impregnó en el nefasto junio. España pasó de tener el billete para el torneo continental en su mano a cedérselo a Grecia, que no ha consentido que nadie se lo arrebatara. El equipo de Iñaki Sáez llegaba a junio con el viento a favor. Todo hacía presumir que de los partidos contra Grecia en Zaragoza e Irlanda del Norte en Belfast saldría con el pase asegurado casi matemáticamente. En cambio, sucedió todo lo contrario. España, con sus hombres «tocados» en el aspecto físico, sin excesivas reservas y sin chispa, sucumbió en La Romareda ante los helenos (0-1) con un inesperado tanto de Stylianos Giannakopoulos. Pero su falta de recursos y sobre todo de acierto se acrecentó en Windsor Park, donde la selección hispana certificó la entrega del testigo del liderato a los griegos. El empate a cero fue el castigo a un conjunto español que quiso y no pudo. Mientras tanto, Grecia, adiestrada por un hombre de fuerte carácter como el alemán Otto Rehhagel, supo rehacerse a la derrota inicial ante España y tras confirmar sus pretensiones en Zaragoza ya no abandonó el mando, con resultados ajustados pero suficientes. Junio obligó al equipo de Sáez a navegar contra corriente, pero para el regreso de la competición en septiembre Grecia estaba ya crecida, lanzada y con una velocidad de crucero suficiente para no fallar ante Armenia e Irlanda y rubricar su vuelta a una gran competición. Al menos el encuentro ante Ucrania en Elche permitió a España no hacer más profunda la herida. La última opción de hacerse con el liderato era algo cercano al milagro, por cuanto pocos confiaban en que Grecia fuera a dejar escapar la victoria en casa ante Irlanda. Hasta los internacionales estaban ya mentalizados de que irían a la repesca.

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