El dopaje sí tiene fecha de caducidad
LA LENTITUD de la Justicia italiana ha acabado por empantanar, como en muchas otras ocasiones, uno de los más sonados procesos del dóping en este país, el que tiene como protagonista al controvertido profesor Francesco Conconi. Este médico especializado en «bioquímica de la actividad motora» fue entre los 70 y los 90 uno de los gurús de la preparación física del deporte italiano, pero las primeras redadas de la Policía contra el dóping, a mediados de los noventa, le acusaron de ser un mago químico más que otra cosa. El escándalo puso en duda los triunfos de la élite italiana del ciclismo y de muchos otros deportes, como esquí, natación, piragüismo o atletismo. Sin embargo cinco años de proceso, engordado con burocracia y errores de instrucción, han hecho prescribir los delitos anteriores a 1995, el grueso de la acusación. Respecto a los posteriores a esa fecha, el tribunal de Ferrara ha absuelto a Conconi y los otros dos imputados, Ilario Casoni y Giovanni Grazzi, ex-directores de los equipos ciclistas Gewiss y Carrera. «El ciudadano Conconi tiene todo el derecho de celebrarlo, pero el mundo no puede hacer como si nada», ha comentado un duro artículo en primera página del Corriere dello Sport , que reclama un proceso de la justicia deportiva. «Más allá de la sentencia, nadie podrá borrar esos datos anómalos, ese hematocrito que rozaba el 60%», subrayaba en referencia a la prueba clave del caso. Se trata del famoso archivo Dblab hallado en el ordenador de Conconi en 1998 y que incluía los análisis de sangre de sus clientes en la temporada 1994-1995. Estos datos mostraban cómo los valores de hematocrito y hemoglobina de muchos deportistas se disparaban, al margen de cualquier ley natural, cuando se acercaban las competiciones y luego volvían a sus niveles normales.