Cuando jugar en campo propio se transforma en un inconveniente
La Deportiva saca más puntos fuera que en el Toralín, donde perdió los dos últimos partidos
Se las prometían muy felices los blanquiazules al final de la primera vuelta, después de haber sumado 34 puntos y con la circunstancia favorable de que en la recta final del campeonato deberían jugar más partidos en casa que fuera. Lo cierto es que hasta ese momento y con los números en la mano, no había diferencia alguna entre actuar en Ponferrada o lejos de allí, puesto que los de Tomé sumaron 17 puntos en casa y otros tantos a domicilio, para completar esos 34 que apuntaban tan buenos augurios. El objetivo estaba claro, conseguir en la segunda vuelta los mismos guarismos que en la primera, con el fin de totalizar unos 68 que, en principio, iban a proporcionar muchas opciones de entrar en una de las cuatro primeras posiciones. Cuando se llevan disputadas siete jornadas de la segunda vuelta, los bercianos sólo han podido sumar 10 de los 21 puntos en juego, con el matiz añadido de que 7 de ellos se lograron lejos de Ponferrada, gracias a los triunfos en Toledo y Majadahonda, además del empate cosechado en Alcorcón. Mientras tanto, el Toralín sólo ha visto una victoria local en esta segunda fase, la que se obtuvo frente al Casetas, con los dos goles de Cascallar. Algunos jugadores, caso del meta Rubio, reparaban estas navidades en que el calendario era beneficioso para el equipo, toda vez que se jugarían más partidos en casa que fuera. Sin embargo, los resultados ponen en seria duda esa presunta ventaja por causa del factor campo. La Deportiva no está jugando bien ni fuera ni dentro, pero al menos se están capturando más puntos en los desplazamientos. No es ningún secreto que los jugadores, no ya de ahora si no de otras temporadas, se encuentran más a gusto en terreno visitante, sin que se puedan argumentar fácilmente las razones que llevan a esta paradoja. Es verdad que a la Deportiva le cuesta mucho trenzar su fútbol y esto, que fuera de casa no se detecta tanto, en el Toralín se convierte en un grave inconveniente porque los rivales vienen a encerrarse y es ahí donde deben exponerse unos argumentos balompédicos con los que, hoy por hoy, el equipo no cuenta. Los nervios que llegan hasta el césped por culpa también de la impaciencia de un sector de la grada, terminan por convertir la mayoría de los partidos de casa en un verdadero calvario para los locales. No es extraño que en el último partido casero ante el Palencia, fuera el propio Sergio Gámiz, uno de los hombres con mayor experiencia de la plantilla, el que se dirigiera a los aficionados pidiéndoles que cambiaran sus silbidos por las palmas para tratar de ayudar al equipo. Fuera de casa esto no ocurre y por eso los jugadores de Tomé se sienten más seguros. Basan su estrategia en el ferreo sistema defensivo implantado por el técnico y terminan por amargarles la tarde a la mayoría de sus rivales. Jugando así, a poco que se acierte arriba, el éxito está prácticamente asegurado a domicilio, como lo constatan los números expuestos con anterioridad. Lo malo del caso es que restan doce partidos para la conclusión de la temporada, al menos en esta primera fase, y de esa docena de encuentros, la Deportiva tendrá que afrontar siete en su cancha y sólo cinco en los desplazamientos. Habrá que visitar los campos del Conquense, Zaragoza B, Compostela, Atlético B y Cultural. Por contra, visitarán el Toralín de forma consecutiva, Burgos y San Sebastián de los Reyes, además de Tomelloso, Fuenlabrada, Zamora, Mirandés y Talavera. Quedan puntos en juego para afrontar cualquier reto, porque la igualdad sigue presidiendo la zona de cabeza, tras los resultados que se dieron ayer. Sin embargo, habrá que enmendar la plana con urgencia si se quiere recuperar el terreno perdido en los dos últimos encuentros en el Toralín, de donde volaron seis puntos ante Alcalá y Palencia. El futuro empieza este domingo, con un duelo además que tiene el extra añadido de recibir a uno de los serios candidatos al ascenso, el Burgos de Terrazas.