Diario de León

Beckham justifica la nómina (1-0)

Otro libre directo manda al Real Madrid a la cama como líder, aunque siga sin haber luz en el sombrío panorama del equipo, enfrentado a la grada y presa de sus propias incoherencias La afición

Beckham celebra con Figo la consecución del gol que a la postre decidiría la suerte del partido

Beckham celebra con Figo la consecución del gol que a la postre decidiría la suerte del partido

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Ignacio Tylko - madrid
León

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La historia se repite. Como ocurrió frente al Numancia, un soberbio golpe franco ejecutado por Beckham salvó a un mediocre Real Madrid frente a un Osasuna timorato, a años luz del equipo batallador que siempre fue y superado por el extraño entorno más incluso que su rival. Una bellísima acción aislada del inglés -al final del partido lanzó su camiseta a los 'Ultras Sur'- que tuvo efecto calmante para una hinchada indignada, que permitió a los blancos acostarse como líderes, pero que en nada cambia la imagen de un equipo plano, tensionado, lento y sin fútbol. El Madrid es tan grande que incluso en momentos de zozobra se acuesta como líder, pero Mariano García Ramón tiene un inmenso trabajo por delante si aspira a convertir un equipo deprimido en una escuadra otra vez campeona. Ciertamente, era mayor la expectación por comprobar el recibimiento del madridismo a los jugadores que por conocer el desarrollo del choque ante Osasuna. No era para menos. Cuando saltaron al césped para iniciar el juego, la pitada fue monumental, sin distingos. Las diferencias llegaron según entraban en contacto con el balón. Desde el instante inicial, las iras apuntaron hacia Roberto Carlos, hace poco un ídolo y ahora, tras 'apuñalar' a Camacho, mayoritariamente señalado como el gran culpable. Daba igual que fuera una falta, un despeje, una internada o un simple saque de banda. El brasileño era abucheado una y otra vez. Repartido Buena ración de pitos se llevó también Figo, aunque el luso jamás se escondió, bregó y buscó el balón. Todo lo contrario que Beckham, quien se desentendió del juego, se colocó en zona de nadie y sólo apareció para ejecutar faltas. Pitos también para Ronaldo, división de opiniones con Raúl, que más tarde se ganaría a la gente a base de trabajo y compromiso, y el resto ni fu ni fa. Del plebiscito sí salieron bien parados Mejía, Solari, que para colmo de males se tuvo que retirar en camilla a los diez minutos con una rodilla dañada, y su sustituto Morientes. El choque, marcado por la tensión, no pudo ser más vulgar. Se jugó siempre a cámara lenta, como si fuese un amistoso. Los blancos porque estaban completamente agarrotados y los pamploneses porque quizá se temían una reacción galáctica y jugaron con pañales. En medio de la nada se gustó Celades. Es verdad que con el andorrano el Madrid tiene más salida por el centro, pero no es menos cierto que el ex del Barça casi siempre juega en cortito, con lentitud y sin trascendencia en sus pases. Toca bien pero con poco riesgo. En todo el primer tiempo apenas hubo 30 segundos de fútbol con pasión. Y los protagonizó el Real Madrid, pasada la media hora. Gran pase de Raúl, obligado a jugar escorado a la izquierda tras la lesión de Solari, a Morientes, un rechace, un disparo de Roberto Carlos, otro desvío milagroso, una gran rosca de Raúl al palo y una volea de Celades con paradón de Sanzol. Fue un espejismo en el desierto. Al descanso se llegó entre pitos y bostezos. Sin alcanzar el aprobado, el partido tuvo algo más de lógica en la reanudación. Hubo más ímpetu, más roces y, por qué no, algo más de fútbol. El Madrid metió una marcha más -tampoco le cabía otra- y eso le bastó para derrotar a un desangelado Osasuna. Beckham, a balón parado y merced a una clara falta bien buscada por Ronaldo, quien luego se iría cabizbajo al dejar su lugar a Owen, marcó las diferencias y acalló al respetable. Hasta el final, dominio estéril y tardío de los navarros, que pudieron empatar en un tiro de Aloisi que salvó Casillas. Tampoco hubiera sido justo, la verdad.

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