Diario de León

El epílogo, como el prólogo

La igualdad de la Vuelta persiste hasta el último día y hoy se decidirá el campeón en la crono

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Benito Urraburu - collado villalba
León

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Mientras José Enrique Gutiérrez, el gigantón valenciano, se emocionaba al ver en la última curva que conducía a la meta de Navacerrada a su padre, también llamado José Enrique -luego vería a su madre en la llegada-, Santi Pérez volvía a tensar la Vuelta. Su primer ataque sólo lo aguantó Roberto Heras, al que le costó unos metros cogerle la rueda con una cierta comodidad. Valverde hizo un amago y el asturiano le respondió. Rompió lo poco que quedaba del grupo de cabeza. Más que romper se podría decir que destrozó las escasas fuerzas que mantenían quienes iban en cabeza. Cuando Santi se levantaba de la bicicleta, Roberto también lo hacía. Quedaban dos kilómetros para que Navacerrada apareciese en el horizonte de la sierra madrileña. El control que parecía tener Heras se desmoronó. Hay síntomas en un escalador que delatan su estado físico. Heras movía mucha la cabeza, sufría, no llevaba un ritmo cómodo. Santi Pérez le había revolucionado, le hacía ir por encima de sus posibilidades, de lo que su corazón y sus piernas podían aguantar. A dos kilómetros le pegó otro zurriagazo, el definitivo. Santi Pérez no mira hacía atrás. Siente la fatiga del rival en su nuca, esa respiración que anuncia problemas. Ataca a impulsos. Fueron dos kilómetros de una intensidad que no se había visto en todo lo que llevamos de temporada. Heras se salvó por la experiencia, por esa voz interior que le hizo pararse, coger aire, perder unos segundos, pero no reventar. Eran pocos metros los que había hasta la cumbre, pero suficientes para que le cayesen muchos segundos. Saiz le animaba a gritos por la ventanilla del coche, le decía que regulase, que no se hundiese. Santi, a impulsos Saiz no quería volver a pasar por lo de hace un año en esta misma carretera cuando Isidro Nozal se descompuso y empezó a perder la Vuelta. Heras soportó la forma de correr de Santi Pérez, un ciclista que se mueve a latigazos, como su paisano José Manuel Fuente. Si hay fuerza, ataca. Lo que vaya por detrás de él le da lo mismo. Eran 30 los segundos que le arrancaba a Heras, que continúa de líder, con 43 segundos de ventaja. Paco Mancebo soltaba a Valverde, al que le sacaba ocho segundos y ahora el corredor de Balears tiene una aventaja de siete segundos sobre el murciano. ¿Serán suficientes esos 43 segundos de ventaja para Heras? Da la impresión de que Heras está mejor situado. Estamos hablando de dos escaladores, nada que ver del enfrentamiento entre Heras y Aitor González, o del histórico del Tour de 1989 entre Greg Lemond y Laurent Fignon. Aquel Tour se decidió en la contrarreloj, pero Lemond lo ganó en los Alpes; se quedaba, pero no reventaba, lo que le permitió llegar vivo al último día. Lo que vivimos entre Santi Pérez y Roberto Heras camino de Navacerrada nos deja los 28,2 kilómetros de la crono de Madrid totalmente abiertos. Phonak, que lleva ganadas cuatro etapas, se presenta con posibilidades de asaltar el maillot amarillo con el tercer hombre de su equipo. Santi Pérez explicaba su actuación: «No sabía si iba a ser capaz de distanciar a Roberto. No pensaba que podía hacerlo y si encima le he sacado 30 segundos pues me siento en la gloria. Creo sinceramente que con 43 segundos tiene una ventaja suficiente». No hay referencias entre ambos en las cronos: «La contrarreloj va a ser un premio con la igualdad que tenemos». Heras dejó una frase para la posteridad, de esas que no se sabe muy bien cómo interpretar: «Veintiocho kilómetros contrarreloj dan para mucho». El Búfalo resopló Esperemos que los recuerdos de lo sucedido en 2002 no vuelvan a atormentarle, cuando tenía 1:08 de ventaja sobre Aitor González y éste le sacó 3:22. Entonces fueron 41 kilómetros y se enfrentaba a un especialista. Heras es el favorito, manteniendo una cierta prudencia. La subida a Navacerrada, con el Liberty fundido y mayoría de hombres del Kelme, no le sirvió a Belda puesto que Valverde no estaba para atacar. Bastante tenía con aguantar. Nos queda la otra etapa, la de la escapada multitudinaria que se formó en el kilómetro diez y de la que saldría el vencedor, José Enrique Gutiérrez, que estuvo 168 kilómetros escapado, los últimos 7 en solitario. Trabajó mucho el Baqué para intentar tumbar la fuga y dejar a Cárdenas en condiciones de disputar la etapa. No lo lograron. José Enrique Gutiérrez, que llegó a ser campeón de España de aficionados contrarreloj, que se vistió de líder en el Giro de Italia de 2000, en la localidad de Prato, es conocido en el mundo del ciclismo como el Bufálo, Guti o Quique.

, nos explicaba uno de sus ex compañeros en Kelme. Nacido en Vinalesa, donde su padre trabaja de policía local, ha encontrado en el Phonak la tranquilidad que no logró en Kelme. Cuando ganó la etapa del Dauphiné, en 2002, llevaban varios meses sin cobrar todo el equipo. Eso no le impidió ganar bajo un calor insoportable. Este año, cuando venció de nuevo en el Dauphiné, se acordó de su hermano Nacho, al que dejó colgado Kelme con el contrato en casa porque él se había ido a Phonak. Los dos pertenecen a una familia de cinco hermanos, todos deportistas. «Este ha sido el día más feliz de mi vida. He ganado delante de mis padres y encima Santi le ha recortado tiempo a Heras».
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