| Análisis | La debacle de la Copa Davis |

España se olvida la ponchera

Una pista rápida y un puñado de eslovacos entregados despertaron al equipo de su sueño

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Santiago Aparicio - bratislava
León

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Una superficie rápida bajo un recinto cubierto y un puñado de jugadores eslovacos entregados a la causa despertaron a España del sueño de la Copa Davis y despojaron de la ponchera de plata al equipo español dos meses después del histórico momento de Sevilla. La gloria fue efímera para las raquetas hispanas, privadas de alardear de su condición de campeonas a las primeras de cambio. No hubo excesivo tiempo para disfrutar del sabor del éxito. Un hecho con pinta de hábito tras lo sucedido igualmente después de la victoria en el 2000. Entonces, igual que ahora, la defensa de la Davis se esfumó a las primeras de cambio. En una situación similar. Sobre las condiciones de una superficie habilitada con un material atípico para frustrar los argumentos competitivos de los españoles. El supreme de Eindhoven y la moqueta de Bratislava han echado al traste las aspiraciones de España. Y de la misma manera. Con contundencia y con prisa. Tras la segunda sesión, la del dobles, las perspectivas hispanas quedaron anuladas. En el 2001 fueron nombres ilustres los que se estrellaron contra la pista sintética holandesa. Jugadores como Juan Carlos Ferrero, Carlos Moyá, Alex Corretja y Joan Balcells no disimularon su incomodidad al margen de la tierra. Ninguno estuvo, cuatro años después, en Bratislava. El G-2 de Juan Avendaño y Jordi Arrese tuvo que tirar de banquillo para iniciar la defensa de la corona de la Davis en Centroeuropa. Ferrero, obsesionado por su regreso a la elite después de un año aciago, Moyá, decididamente centrado a orientar el curso hacia los Grand Slams, y Tommy Robredo, ocupado en ponerse a tono después de una lesión, prefirieron pasar por alto la cita con España. Tres del cuarteto campeón aparcaron sus intenciones en la Copa Davis. Sólo Rafael Nadal se metió de lleno en la causa a pesar de los miles de kilómetros acumulados tras su periplo americano, que han engrandecido su particular palmarés con los éxitos en Brasil y Acapulco. El nuevo transitar del tenis español, subrayado con un cambio de regidor en la Federación Española -Pedro Muñoz- y confirmado con una alteración técnica y la conversión del G-3 que completaba Josep Perlas en el G-2, derivó en múltiples cambios: Nadal como estandarte, Feliciano López como bastión principal en este tipo de superficie, Fernando Verdasco como debutante y la reinserción del veterano Albert Costa, único resquicio del éxito del 2000. La apuesta de Arrese y Avendaño se hizo añicos tras la primera jornada. El teórico gusto del toledano por las superficies veloces fue desautorizado por el número dos eslovaco, Karol Beck, comprometido de lleno con el deseo de triunfo de su país. Feliciano López ha sido el peor parado de la eliminatoria en Eslovaquia. Representó la decepción de la estancia en Bratislava. Su puesta en escena era un cálculo seguro para los capitanes. Pero el toledano adoleció de falta de concentración y de argumentos y dio la sensación de sufrir el mal de altura con la asunción del número uno del equipo. Las precauciones con Nadal fueron puestas en entredicho por muchos. Su exclusión de los primeros encuentros de individuales por el G-2 alteró las predicciones y confundió las expectativas. El tenista que más representa los valores de España en esta competición fue aparcado para el dobles y reservado para el momento decisivo del último día. Sin contar con que todo ya estaba resuelto para entonces. En su lugar, los capitanes optaron por Verdasco, debutante como jugador en el torneo. El madrileño, en plena progresión, aceptó el reto con entusiasmo y no desentonó a pesar de la derrota, cara, contra el número uno de Eslovaquia Dominik Hrbaty. Su derrota entraba en los cálculos. Así y todo, fue la mejor noticia en Bratislava. La lucha, el desparpajo y la fe en el triunfo a pesar del revés le aventuran como parte del futuro español en la Davis. Como jugador importante, lleno de argumentos. No encontró la proyección que disparó a Nadal ante la República Checa un año antes. Pero su actitud le valió la presencia permanente en la memoria de los técnicos. Nada salió en Bratislava como el G-2 había pensado. Y el dobles terminó por condenar a España. El mallorquín y Costa, con una buena actuación, se estrellaron contra el esplendor de Eslovaquia, metida de lleno en el empeño, con todo de cara y más fe. En medio de una pista hecha a medida que no justifica la inconsistente defensa española de la Davis.

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