Cura de humildad ante el Lyon (3-0)
El Madrid reincide en sus errores y empieza el torneo con una derrota contra un rival al que sólo le hizo falta media hora para tumbar a los blancos y que incluso desperdició un penalti

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El Madrid no pudo comenzar de peor forma el tortuoso camino de la 'Champions. Reincidió en todos sus viejos errores ante un adversario que combina como pocos talento y potencia, y sufrió en Lyón una derrota sonrojante, aunque excesivamente abultada para los merecimientos de unos y otros. El inapelable 3-0, fraguado en el primer período por la maestría de Juninho Pernambucano a balón parado, supone una cura de humildad que a estas alturas de curso incluso es beneficiosa. Ésa es la mejor lectura que pueden sacar los merengues, con el 'geométrico' Luxemburgo a la cabeza, ahora que todo tiene remedio y la rectificación de planteamientos es posible. Todo le salió mal al Real Madrid en un primer tiempo del que Luxemburgo debiera extraer grandes conclusiones. A expensas de una genialidad del prestidigitador Robinho, lentísimos en su ritmo, jugando al pie e incapaces de sorprender por las bandas, los blancos no crearon fútbol ni tampoco supieron frenar las acometidas de los rocosos franceses. Y eso que esta vez jugaron con Pablo García y Gravesen como fracasada pareja en el eje del centro del campo. Lo que pudo ser La noche pudo haber sido más despejada si en los compases iniciales hubiesen entrado dos lanzamientos de Beckham y Roberto Carlos que lamieron el palo, tras acciones a balón paradas forzadas por un genial Robinho, pero no sirve como excusa. Tampoco que no milagrosamente en gol una carambola, con poste incluido y error de Raúl en el cabezazo delante del portero, que en ese momento hubiese supuesto el 1-1. Con un Juninho Pernambucano excelso, el Lyón funcionó en ese período como una maquinaria perfecta, engrasada, dura, rápida y fiable. Frente a un rival con mayúsculas, con físico, técnica, toque y desmarque, el Madrid fue una suma de piezas lujosas que no terminan de ensamblarse, ni de moverse, para carburar como se les exige. Tampoco quien debe de ordenarlas desde el banquillo ha dado aún con la tecla. A base de toque corto y de los detalles de Robinho, el Madrid dio la sensación de manejar el duelo sólo hasta Carew, el noruego que no rindió como se esperaba en Mestalla, peinó a los 20 minutos una falta lanzada con precisión por Juninho, uno de los tres brasileños del Lyón en el once inicial. Iker, sin ángel en este arranque de curso, se comió ese balón y también el que poco después le lanzó Pernambucano. En desagravio de Casillas hay que decir que la falta era tan lejana que lo normal es que algún zaguero se hubiera interpuesto en el camino. En pleno éxtasis francés, el Madrid se desmoronó por todos los lados, en especial por el medio y por el flanco que supuestamente defendía Roberto Carlos. Reveillere, otro ex del Valencia, halló por ahí una autopista por la que condujo la jugada del tercer gol. Íker, cruz y cara Y pudo ser peor antes del ansiado descanso, ya que Casillas maquilló su mala noche al desviar un penalti lanzado por Juninho. Con todo a favor, el Lyón se vino descaradamente atrás en la segunda mitad y le regaló el balón y el terreno al adversario, que mejoró cuando Guti entró por Gravesen pero nunca dio la sensación de poder hacer la hombrada, sobre todo si se empeña en entrar por el embudo central. Gozó de algunas ocasiones, sobre todo cuando funcionó la conexión entre Raúl y Robinho, pero no fue suficiente para maquillar la dolorosa derrota, y van dos consecutivas. Primero ante el Celta en el Bernabéu, y ayer ante el Olympique en Lyon en el estadio de Gerland.