| Análisis | Así es el rival |
Cualquier tiempo pasado fue...
A punto de perderse su primera cita mundialista desde España-82, los belgas viven de recuerdos, sumidos en la mediocridad, con una selección que corre pero que apenas juega
Scifo, Ceulemans, Vercauteren, Gerets o ilustres guardametas como Pfaff y Preud'homme son historia. Sumidos en la deprimente mediocridad, con una selección gris, plana, que corre que se las pela pero apenas juega, los diablos rojos viven en futbolísticamente del recuerdo. Salvo milagro, los belgas verán el Mundial de Alemania por televisión, exactamente igual que les ocurrió en la última Eurocopa. Entonces, fueron apeados por Bulgaria y Croacia, eliminados a las primeras de cambio en Portugal. Ambos varapalos se ponen en el debe del técnico Aimé Anthuenis, quien sustituyó a Robert Waseige en 2002 y lleva un par de años en el alambre. Su cargo huele a chamusquina. Estas decepciones encadenadas sorprenden si se tiene en cuenta que Bélgica no se pierde un Mundial desde España-82. Sin ser un grande, sí tiene cierto nombre. Es uno de los miembros fundadores de la Fifa y ha participado en once ediciones de la Copa del Mundo. Desde que alcanzara las semifinales de 1986, tras superar al combinado de Miguel Muñoz en los dramáticos penaltis de Puebla, fue incapaz de avanzar a octavos de final. En el puesto 47 del ranking Fifa, los belgas respetan a España. Casi la temen. Tal y como proclama el madridista Portillo, cedido por los blancos en el Brujas de Ceulemans, «alucinan» con las individualidades de que dispone Luis Aragonés. Piensan que el rival es uno de los mejores del mundo y, sobre todo, están obsesionados con Casillas, Xavi, al que quieren presionar hasta la asfixia, y Raúl. «España es favorita pero no debe confiarse porque Bélgica trabaja bien y forma un buen bloque sin estrellas», sostiene Portillo. Un conjunto, en todo caso, mermado por sensibles ausencias. Las principales, el defensa central Kompany, indiscutible a sus 18 años hasta que una lesión en la espalda le lastró, y el delantero del Ajax Wesley Sonck. Tampoco podrán estar los centrocampistas Bisconti, Clement y Van Damme, habituales en los esquemas de Anthuenis. Obligados a vencer incluso por goleada para superar el 2-0 que les endosó España en Santander, los belgas presentan en la lista cinco delanteros. El técnico promete jugar al ataque. No le queda otra, aunque habitualmente prefiere el contragolpe. Kevin Vandenbergh, hijo de Erwin, delantero belga en el Mundial español, ha sido fijo hasta ahora, pero en recientes ensayos apostó por la velocidad y destreza de los hermanos Mpenza, de origen congoleño. Emile, fichado por el Hamburgo tras ganar dos Copas con el Schalke, es más escurridizo. Mbo, del Anderlecht, tiene mayor envergadura. En un equipo con poco gol y más músculo que cerebro, España también debe vigilar de cerca a Van Buyten, un notable central del Hamburgo que se incorpora bien al ataque, y a Buffel, un habilidoso mediopunta del Rangers. Y, salvo el portero Proto, excepcional con el Anderlecht ante el Betis, poco más destacable en una escuadra que, en su feudo, ganó a Bosnia (4-1) y San Marino (8-0), pero sólo empató con Lituania (1-1) y fracasó ante Serbia (0-2). «Pelean como diablos y son incómodos, pero España podría hacer dos equipos mejores que Bélgica». Así lo subraya Juan Lozano, emigrante español en Bélgica desde los diez años y fino centrocampista del Real Madrid en los ochenta. Anthuenis, empero, avisa: «Ante grandes rivales siempre respondemos y los latinos se nos dan bien». Y es que dice estar convencido de que España llega presionada y con terror al fracaso. Anthuenis ha hecho oficial el once que se medirá contra España. Estará integrado por Proto; Vanden Borre, Hoefkens, Van Buyten, Deschacht; Vanderhaeghe, Simons, Goor, Buffel; Mbo Mpenza y Emile Mpenza. Antheunis, que no puede contar con varios titulares (Kompany, Vander Heyden, Clement, Cornelis, Bisconti, Sonck), ha apostado por la experiencia.