Veredicto: Lamikiz, culpable
LA AFICIÓN de San Mamés dejó claro en el último partido de liga ante el Barcelona que a quien responsabiliza de la penosa campaña que ha completado el Athletic en un año en el que ha vivido con el riesgo de descender a Segunda División como nunca antes en su historia es al presidente del club, Fernando Lamikiz, y a su Junta Directiva. Desde el lado bilbaíno, el principal interés del casi intrascendente Athletic-Barcelona que cerraba la liga 2005-2006 en «La Catedral» era conocer la reacción de la grada tras el enorme sufrimiento al que ha sido sometida esta temporada. Se esperaba ver cómo reaccionaban los aficionados con sus jugadores y la duda quedó rápidamente disipada cuando les ovacionó al saltar al terreno de juego con una pancarta en la que le daban las gracias «Eskerrik Asko (gracias)», se podía leer en ella-. También se consideraba un día en el que se podría decantar la decisión de si continúa o no Javier Clemente como entrenador, algo que aún no está confirmado a pesar de que el ex-seleccionador nacional tiene contrato y cumplió el objetivo para el que llegó a finales de octubre, que no era otro que el mantener al equipo en Primera. Pues sobre esto último no se pronunciaron los seguidores rojiblancos, que curiosamente parecieron casi ni reparar en la figura de un técnico que siempre concita adhesiones inquebrantables o claro rechazo. Toda su atención la concitaron al principio y durante el juego Samuel Eto'o y Santi Ezquerro, y, cuando el balón no rodaba, el palco de honor. Al camerunés, los seguidores del Athletic aún no le han perdonado el escupitajo a Unai Expósito del partido de la primera vuelta en el Camp Nou y al riojano su marcha al Barcelona del modo en el que se produjo. No obstante, la diana para la que tenía más dardos preparados la grada de San Mamés era la de la figura de Lamikiz, a quien ya antes de empezar el choque y antes y después del descanso empezó a mostrar su reprobación. Pero fue tras finalizar el partido cuando la contestación a los rectores del club se hizo más evidente. Con buen número de los casi 40.000 espectadores que estuvieron a punto de llenar el campo aún en las gradas, una gran mayoría de ellos dedicó una espectacular pañolada al palco que provocó Lamikiz y sus directivos permanecieran en él durante un buen rato. Después, al salir del recinto y encaminarse todos juntos a un hotel cercano, todavía recibieron más muestras de desaprobación, si bien en ese caso por parte de apenas unas decenas de muy jóvenes seguidores. Esos últimos reproches pusieron fin a una de las peores jornadas para Lamikiz y su equipo, que ahora deberán reflexionar y sacar conclusiones de lo que ha ocurrido en estos sus dos primeros años de mandato para verse en una situación así. Entre las muchas preguntas a las que deben responderse, quizás haya dos para las que necesiten rápidamente una respuesta. La primera es: ¿por qué en dos años han perdido el refrendo mayoritario que recibieron en las elecciones de 2004?; y la segunda: ¿cómo ha podido venirse abajo tan estrepitosamente en una temporada un equipo que durante cuatro años ha peleado, con mayor o menor éxito, por entrar en Europa y que hace apenas quince meses era la envidia de toda la liga por el fútbol que exhibía? De la respuestas que se den y de los decisiones que tomen en consecuencia dependerá el camino a seguir de la entidad, pero, fundamentalmente, su futuro al frente del club.