TESTIGO DE EXCEPCIÓN
Fabio cambia los hábitos
FABIO Capello ya impone su personalidad en el Real Madrid. Con absoluta libertad para actuar, cambia hábitos, corrige con rigidez a sus futbolistas y arranca en su objetivo de reconstrucción del club, con la disciplina por bandera. «¡Aquí mando yo!». Fue un grito que sonó con fuerza desde el campo de entrenamiento de Irdning y que hasta silenció al centenar de aficionados de la grada. Estaba dirigido a Gravesen cuando le recriminaba con malos gestos, por enésima vez, una mala entrega de balón a Balboa. Le quedó claro al inquieto Gravesen, que una hora después fue el primero en dejar los campos de entrenamiento y dirigirse, con caras de pocas amigos, al castillo donde Capello ha establecido el «cuartel de concentración». En el nuevo ejército blanco hay un general. Es Capello. Y tiene libertad de movimientos. El presidente escapa de errores de un pasado reciente y promete que nunca se meterá en la parcela deportiva. Jamás traspasará esa pequeña línea que llevó al fracaso durante los últimos tres años a Florentino Pérez. Y es que la mano de Fabio se nota en un Madrid que se reconstruye de sus cenizas con sabia joven de la cantera a la espera del regreso de los internacionales y de los fichajes. Capello se siente fuerte. Sabe que es la base del nuevo proyecto y que debe resucitar, igual que hizo en la temporada 1996-97, a un equipo descompuesto que en las últimas campañas ha adquirido malas formas. Un ejemplo más lo vivió Mejía. Ocurrió en los minutos previos al inicio del entrenamiento vespertino. Momentos para las bromas, para escapar de la monotonía. El central se puso de portero retando a varios compañeros a hacerle un gol. Una orden de Capello acabó con el juego. «Fuera de la portería». Dicho y hecho. Tan similar como el gesto del primer día de entrenamiento que sirvió como su carta de presentación. Entre series de carrera, varios jugadores se sentaron en el banquillo mientras reponían líquidos. Capello los llamó al orden. «Eso no me gusta». Con él la seriedad es máxima. Cada entrenamiento son dos horas de trabajo. No admite relajación y confía en sus ayudantes para intervenir. En el momento en el que se ensayan tácticas y línea por línea corrige hasta el último gesto de sus jugadores. Los hábitos cambian en el Real Madrid. Es la forma por la que Capello apuesta para hacer realidad que «hay que recuperar el espíritu de la camiseta blanca».