Un baño de oro y de masas
Miles de aficionados acudieron anoche a la plaza de Castilla para celebrar el título Mundial Gasol disipa todas las dudas y se compromete con España

Decenas de miles de aficionados se congregaron en la madrileña Plaza de Castilla para homenajear a los integrantes de la selección española de baloncesto, flamantes reyes mundiales de la canasta, que llegaron desde Japón con sus medallas de oro al cuello. Embutidos en banderas españolas, corearon consignas como «Campeones, campeones, oé, oé, oé...», «fútbol, no, fútbol, no», «a por ellos....», «España, España...» y aplaudieron sin cesar a sus nuevos ídolos, que saludaron desde el autobús especial dispuesto para conducirles hasta la plaza madrileña. La expedición, encabezada por Pepu Hernández, había aterrizado casi una hora antes al aeropuerto de Barajas, donde decenas de personas les intentaron dar la bienvenida pese a los intentos por evitar que la fiesta se iniciase en el centro aeroportuario, para no distorsionar su funcionamiento. Fue imposible, hubo abrazos, besos, fotos, autógrafos... todo el mundo buscó un recuerdo de este grupo de jugadores que ha devuelto a todo un país la ilusión y el interés por el deporte de la canasta. Tras un agotador viaje de regreso, con 20 horas de vuelo y un enlace en Londres entre pecho y espalda, los jugadores tuvieron que someterse a la paliza del agasajo de color. Y el merecido descanso deberá esperar todavía unos días. Este martes, los Reyes y los Príncipes de Asturias les recibirán en audiencia en el Palacio Real. Nada más aterrizar en Barajas, sobre las 23:37 horas, los teléfonos móviles de los aficionados que esperaban en plaza de Castilla comenzaron a echar humo. Las llamadas y mensajes de texto convirtieron la zona en un autentico hervidero al avisar de que autocar ya se encontraba en camino. En ese instante comenzaron los cánticos de celebración que ya no cesarían hasta bien entrada la madrugada. El ambiente de fiesta y algarabía se apreciaba en cada rostro, y no sólo de jóvenes, porque la selección parece haber conseguido enganchar a un amplio abanico social. Tras una nueva escala técnica en la FEB, los representantes de la llamada ñba cambiaron el autobús cerrado por otro de dos pisos para dirigirse, hasta la plaza de Castilla, donde el gentío impedía ver el asfalto que rodea la fuente central, invadida también por decenas de jóvenes que saltaron las vayas de protección. Ante el escenario, dos banderas presidían la plaza, la de España y la del Estudiantes -que entrenó Pepu-, equipo cuyos seguidores ataviados con bufandas del club eran numerosos. El seleccionador trató de mantenerse en el segundo plano que ha buscado desde que tomara posesión del puesto. Las muestras de ánimo hacia Pepu Hernández, que conoció el fallecimiento de su padre la noche anterior a la disputa del encuentro frente a Grecia, dejaron al ex estudiantil sin más opción que dar un paso a frente, situarse junto a la barandilla y permitir que la inmensa ola de cariño y reconocimiento de los aficionados le empapase.