| Fútbol | Segunda División |
El problema del equipo es que no mete miedo
Cuando su rival comprueba que carece de munición le pierde el respeto y todos se animan a abandonar las trincheras

Fran estuvo cerca de hacer el tanto del empate pero Jaúregui lo evitó
Hace unos días y en tono jocoso, decía Nino Cubelos que la clave en esto del fútbol consiste «en atacar al atacante que te ataca». Suena a chiste pero tiene mucho de cierto. Si un equipo te ataca lo primero que debes hacer es contrarrestar su ofensiva y después pensar en la organización de propio ataque. Ahora bien, si el enemigo comprueba que no tienes ninguna bala en la recámara, entonces estás muerto porque le estás dando pie a venir a buscarte. Algo así le pasa a la Deportiva cuando traslada sus bártulos lejos del Toralín. Se convierte en una escuadra carente de argumentos ofensivos durante la mayor parte del encuentro. Si el rival desconoce las armas de los blanquiazules, como ocurre con los primeros que le han correspondido en suerte por aquello de su debut en la categoría, lo más aconsejable es aguardar para ver por dónde van los tiros. Pero una vez comprobado que no hay apenas pólvora en las filas de los blanquiazules, entonces todos los jugadores del equipo contrario se animan a adelantar posiciones y es cuando vienen los problemas. Ayer, por ejemplo, la Deportiva se encontraba con un rival que estaba a punto de entregar el armamento, a poco que los bercianos les mostraran las garras. El público estaba de uñas con los discípulos de Gay y con el propio técnico. Hacía falta un par de disparos para sembrar el pánico en las líneas enemigas pero nadie abrió fuego. Sólo Risso lanzó un cabezazo que atrapó en dos tiempos el seguro Jaúregui para alivio de su gente. Como el descanso dio opción de repliegue al vestuario, el comandante Gay debió hacerles ver a sus tropas que el enemigo no era tan fiero como cabía esperar y que tal vez con una pequeña ofensiva la batalla podría cambiar de dueño. Y así fue. La Deportiva pasó de dominador a dominado y los locales tomaron posiciones palmo a palmo hasta conquistar el objetivo gracias al remate de Javi Rodríguez. A la Deportiva le bastaba con un disparo certero porque una vez herido, el rival ya no opondría resistencia pero entre las filas blanquiazules (bercianas, no murcianas) no quedan cañoneros al uso lejos del Toralín. Sólo Rubén ha visto puerta un par de veces, poco arsenal para una guerra tan compleja.