Santo Domingo como La Cibeles
Tres mil leoneses celebran en la fuente leonesa el trigésimo título liguero del Real Madrid con euforia, estallido de petardos y alusiones al eterno rival, el Barça, entre el delirio general

Algunos acudieron rápidamente con la Copa en la mano
León. 21.00 horas. Las calles desiertas. Los bares llenos. La ciudad pegada al televisor. La afición al fútbol, dividida. Unos del Barça, los otros del Madrid. «Vamos a ganar la Liga. Seguro. El Mallorca tiene tomada la medida al Madrid», vaticinaba un forofo culé en el Bar Maratón, de la Avenida Doctor Fleming. Al otro lado de la frontera, que marca el paso a nivel del barrio del Crucero, en el Bar Quevedo se vivía madridismo forofo desde la barra hasta las mesas del fondo, con la pantalla gigante como objetivo de todas las miradas. «Hoy no fallaremos», aseguraba un madridista enfundado en la camiseta de Casillas. Al cuarto de hora de rodar el balón, gol del Mallorca. A continuación, Puyol, Messi y Ronaldinho sentenciaban para el Barça. Mientras, el Madrid no era capaz de remontar el gol del mallorquinista Varela. Las pasiones se entrecruzaban. Barcelonismo y madridismo transmitían su delirio y agonía a la par. Momentos de celebración y de mutis por el foro al unísono. Eto'o marcaba el cuarto en Tarragona y los azulgranas se creían con el título en su poder: «El Madrid está muerto», afirmaban los más atrevidos blaugranas. La verdad es que lo parecía a juzgar por las imágenes que evidenciaban las imágenes de televisión y los rostros de los hinchas madridistas en el Bar Quevedo. Lo que nadie esperaba eran los dos regalos de Reyes para el Real Madrid... y también para el Barça, testimoniados en el color carbón de Diarra, con el segundo gol de la noche que daba el trigésimo título de Liga al Real Madrid. De la tristeza al delirio y viceversa teñidos de blanco y azulgrana. A partir de las 11.00 horas. Bares vacíos. Calles llenas. Jolgorio por todo lo alto en el centro de León. Banderas blancas, mascotas blancas y la fuente de Santo Domingo blanca. Los azulgrana, a la cama con cara de póker, mientras que el madridismo se daba un baño de multitudes estilo Ramón Calderón en el campo de la Romareda, pero en el agua de Santo Domingo. Estallido de júbilo por todo lo alto, camisetas mojadas y banderas al aire. El centro de León se convertía en madridista por una noche. No faltaba ni el perro de la Puri ataviado con la elástica de Raúl. La euforia estallaba con gritos dirigidos al perdedor: «Eto'o, cabrón saluda al campeón». Otros eran aún más radicales: «Puta Barça, el Madrid es el campeón». O «sí, sí, sí, la Liga ya está aquí». Nada nuevo.