LUCHA LEONESA Y ALGO MÁS...
La rancia presentación de los corros (y III)
C OMO VENIMOS reflejando en esta saga agosteña a lo largo de las últimas semanas, en la escenografía de los corros se falla en casi todo. Desde una desnuda mesa del jurado asentada sobre el propio suelo, al minielectrónico casi de juguete. Sin banderas u otros elementos ornamentales que vistan y dignifiquen aquella desnudez ambiental. O la poca -nula- importancia que se está dando al estado de la pradera, el mal llamado césped demasiado a menudo. En el caso de la pradera, supone algo más que presentación, puesta en escena y atrezo: es, junto con el cinto lesionador , manifiesto peligro de lesiones que los (i)responsables pasan por alto. Ello merece algún otro tipo de reflexión y que haremos de seguido. Apenas cruzado el ecuador de la Liga de verano asusta, o debería asustar (a quien corresponda) la cantidad de mancaos. ¿A quien corresponde la responsabilidad de velar por la integridad física de los luchadores -prevención, atención y cobertura integral de lesiones- les inquieta en alguna medida esta superalarmante estadística? ¿La han contemplado siquiera? Cuando hasta se viene consignando como anormal el que acabe un corro sin mancaos (¿también mancaduras guapas ?). Y señalábamos la semana pasada -excepcionalmente en jueves- que cualquier deporte y cualquier deportista rechazaría de plano la mayor parte de estas praderas para practicar en ellas una actividad deportiva, por modesta que fuera. Dureza -sequedad- y mal estado general de la pradera. Y hasta el riesgo higiénico de ésta. Y cuando se cubren sus presuntos riesgos, aparece la chapucería de colchonetas que se separan y ya el riesgo de lesiones es evidente e inminente. Si en relación con la irrisoria cifra de fichas apostillábamos ¡ay, la cantera!, también habría que añadir ¡ay las deserciones/por temor a las lesiones! o por síndrome y psicosis ante posibles lesiones. Se sigue sin facilitar por megafonía ese dato tan básico y fundamental, por lo ilustrativo que resulta de cara a la composición de lugar del espectador, que es el peso de cada luchador. Omisión injustificable máxime existiendo tan sólo cuatro categorías, con tantísima diferencia de peso dentro de cada categoría. El aumento del número de categorías o pesos (Semiligeros¿) es otra de las históricas asignaturas pendientes, sabido es que tal medida cuenta con el rechazo de los habituales campeones que habrían de compartir presupuesto del corro entre más campeones. Pero también se vería dificultado por el escaso número de fichas a la hora de establecer los distintos niveles de luchadores que sugeríamos la semana pasada y, consecuentemente, los distintos niveles de corros, lo que redundaría en la tan deseada menor duración de éstos. O sea, que el objetivo del intento, el afrontamiento de la duración de los corros, bien vale la pena. Por cierto, campeones que dan la talla cuando son convocados para dar cobertura y sumarse a eventos solidarios o espiritualmente exaltadores. Es de justicia resaltar que responden generosamente sin percibir ninguna compensación económica. Huelga la mención nominal que está en la mente de cualquier aficionado, pero quede constancia del particularísimo reconocimiento precisamente a ellos, los habituales campeones, que en algún momento pudieron sentirse menoscabados desde esta columna. Reiteramos: ejemplar actitud de predisposición y disposición. Rematando la cuestión del alargamiento de los corros. No es de recibo ocupar la última tercera o cuarta hora del corro en aguantar a los Pesados. Más pesados que unos versos de Gamoneda¿ aunque no resulte políticamente correcto, pero tal atrevimiento y casi osadía -¿sinceridad?- sólo es permisible fuera de secciones de Cultura (oficial). Lo cierto es que, pesadez aparte, la de estos luchadores de las 10 ó 12 arrobas, resulta impresentable y debiera resultar intolerable -reglamento en mano- que se llegue a ganar el corro sin dar una sola caída. O clasificarse entre los cuatro primeros sin tan siquiera empatar un combate. Los responsables de la lucha leonesa (¿queda alguno?) esconden la cabeza y hacen como que no se enteran. Precisamente la imaginación es consustancial con el riesgo. Innovar y renovar en la lucha leonesa -restando las esencias- supone romper la rutina y sacudir la modorra (cazurra). Lo que también parece claro es que no pueden formar parte de la solución quienes están siendo causantes del problema. Que lo siguen siendo, al menos por inhibición: desmarcarse y eludir abordarlo en profundidad (caso de las lesiones y tantos otros). Y al llegar aquí es obligado recordar, columna¿ de opinión, y subjetiva. Crítica, respondiendo a un criterio. Y personal.