Diario de León

Deportiva, al borde del k.o. (2-0)

Los blanquiazules pagan muy caro dos despistes defensivos en el último cuarto de hora que ponen al Alicante en disposición de tomarse la revancha por lo acontecido hace dos años Balance:

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Ramón Díez - enviado especial / alicante
León

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La Sociedad Deportiva Ponferradina se complicó ayer en Alicante su hipotético retorno a la categoría de plata del fútbol español. Los blanquiazules, que ayer vistieron de rojiblanco, estuvieron controlando el partido con muchísima suficiencia, tanta que posiblemente les llevó a un cierto conformismo en el tramo final del partido, con funestas consecuencias para la suerte de una eliminatoria que todavía está por resolver. El caso es que la escuadra de Amaral supo contrarrestar los escasos intentos del Alicante por llevar peligro a los dominios de Cabrero. El canario, que ayer no pudo sentarse en el banquillo por su expulsión de hace una semana contra el Mérida, tejió una tela de araña en la medular, con Dani Borreguero y Elías como destructores del fútbol alicantino, bien ayudados por Teo, Mantecón y Rubén Vega, además del gran trabajo que estaban haciendo los cuatro de atrás y también las aportaciones del siempre trabajador Óscar de Paula. Así, la Deportiva dejaba pasar los minutos demostrando mucho oficio para enfriar el partido sin que ocurriera nada digno de reseñar. Los porteros fueron casi dos espectadores más y aquello tenía toda la pinta de terminar con el mismo r esultado con el que había arrancado el compromiso. Cambios determinantes El público local estaba disfrutando muy poco y apenas se manifestaba, ni para bien ni para mal. Los seguidores bercianos iban creciéndose con el paso de los minutos, aunque su equipo no le daba muchos motivos para al alegría. Ni Alicante ni Ponferradina pisaban el área apenas y el empate inicial parecía inamovible. Pero todo cambió cuando restaba una media hora para la conclusión. El técnico local, José Carlos Granero, hizo dos cambios que acabaron siendo determinantes. Retiró del campo a Luis Gil y Cañadas, que habían visto cartulina amarilla anteriormente. En su lugar dio entrada a Álvaro (superviviente de la eliminatoria del 2006 junto al capitán Tito) y a Joan Tomás, un delantero catalán que se ha convertido en el talismán de este equipo por su eficacia goleadora saliendo desde el banquillo. Nada más entrar estos dos elementos ya realizaron una penetración con pared incluida por banda izquierda que hizo despertar a la grada. El público alicantino entendió que podían dinamitar el partido y empezó a animar con fuerza. Parece que los jugadores recibieron el mensaje en el campo y empezaron a buscar con más energía la meta de Jesús Cabrero. No en vano, aquel resultado de empate sin goles era una pobre renta para viajar a Ponferrada dentro de una semana, aunque un 0-0 siempre resulta peligroso para el adversario. Sea como fuere, aquella pared anterior acabó en córner por la eficaz intervención de la zaga ponferradina cuando un sector del público llegó a cantar gol incluso porque el cuero rozó la parte exterior de la red. No había sido gol, pero el tanto acabó llegando a la salida del saque de esquina. El cuero llegó al recién entrado Álvaro que estaba en el segundo palo y desde allí lo puso al interior del área donde apareció Joan Tomás en medio de una maraña de defensores para desviar a la red. El Rico Pérez estalló de alegría porque ese 1-0 ponía la eliminatoria favorable para el Alicante, por más que aún restara el partido de Ponferrada y un cuarto de hora del que se estaba disputando. La Deportiva acusó el golpe pero reaccionó unos minutos después. Amaral, que ya había introducido a Ernesto en lugar de un Rubén Vega mermado por sus problemas en la rodilla, puso en el campo a Fran (como siempre recibido con algarabía en el fondo ocupado por los hinchas ponferradinos) y a un Ismael Irurzun que se colocaba por detrás de Óscar de Paula. Los bercianos se fueron arriba y el Alicante vio pasar la soga cerca de su cuello cuando el partido tocaba a su fin El hombre que había marcado el gol que llevó a la Deportiva al ascenso, en ese mismo escenario, estuvo a punto de convertirse de nuevo en el verdugo de los alicantinos. Una penetración del zamorano le permite irse de dos contrarios para servir raso al primer palo donde Azkoitia rechazó el cuero hacia su propia portería, teniendo que salvar providencialmente Unanua cuando la pelota se colaba. Y de lo que pudo haber significado el empate a uno, mal menor en esos momentos, se pasó a otro nuevo golpe que pone las cosas muy cuesta arriba. Una pelota pasada hacia el lado derecho del ataque local es recogida por el peligroso Capi que la coloca en la cabeza del goleador Joan Tomás, totalmente libre de marca, para que éste sólo tenga que acompañar con la testa el balón a la red. Decepción inesperada en el fondo sur para una afición que tratará de ayudar al equipo a remontar en El Toralín.

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