Diario de León

Ínclito ubérrimo don Manuel Robles «Marro»

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A. BARREÑADA
León

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CONSCIENTE de que réplica no merece, pero, sabedor de que la espera y necesita para mantenerse en su púlpito sin pisar el corro, y, aunque de cara a usted no le gusta (allá usted con sus gustos y posiciones o posturas), de usted enfrente, éste, a quien a usted honra con su mala faba, no puede negarle la atención. Seriamente preocupado por su patente empeoramiento, no me atrevo a suponer que tal devenga de algo que le tuvo que pasar a usted de pequeño en alguna topinera, o con los cagajones de un rocín, que mire que se le ha fijado a usted en la mollera. Por no decir con la boina, que caladina y apretada la tiene usted a las meninges, bien por dentro. Don Manuel: a pesar de que notorio es que a leer no aprende, que escribir le cuesta su tiempo (a pesar de recopiar y repegar un mismo anti-texto desde que tenía aquella maquinina que también remitía cartas de entusiastas) y a pesar también de que para el diálogo carece de predisposición y condiciones, sin que se ofenda usted porque me dediquen muchos tipos, con sus propias reglas, me empeño (no me corrijo), pues que lo pregunta, en responder. «Furibundo», me dicen (también muchos, fíjese), no fue lo por mí escrito en carta abierta a usted, con el mayor respeto, dirigida; y ello a pesar de quienes pedían que sí, que se le diera más de su propio jarabe. ¿No había costumbre? Podría haberlo sido («furibundo», como se pone usted): haberle dicho, por ejemplo, que por cobarde no se le encuentra o que por mentiroso no se le alcanza ni antes que a cojo ni a recordman. Para corregir una de sus faltas a la verdad: una visita más a esa página-web de la que se acostumbra a mofar y mire a ver las vocalías de la Federación. ¡Ay Marrín!: le llamo, le agradezco sus lisuras (que cortés no quita lo valiente) y le digo lo que calla, que para eso le llamo. Sígalo callando. Usted diría ocultando. De mi palabra respondo, todavía, yo. Para la suya, se acostumbró a usar la ajena. ¿Cómo era lo del cuadro del nuestro pintor? «Cui prodest¿muchacho, rapaz¿ me pregunta «Séneca»¿ (no me lo tome por insultante, que no lo sería ni siquiera si hiciera alusión a lo fato, faltón, fantasma y fanfarrón que se indigna en ser). Cui prodest scelus¿El delito beneficia -¡ay Marronete que de Medea sólo sabe lo brujo!- a quien no aprendió más que la regla de restar, a no ser que se trille y trisque en la propia era: que para sacarle cuartos al león o al toro no es menester, si se quiere a la Lucha, urdir el Apocalipsis para colgarse la tarjeta de único mirífico redentor. Cui prodest Scelus¿¿Y usted me lo pregunta? No se esfuerce (no vaya a mancarse), que no es precisa aprobación suya para cuanto nos empeñamos en hacer, evidentemente, tantas veces mal, que de fallos, yo al menos, sé más que de aciertos, ni insista en la arenga patria, que patente de leonesidad no necesito que me dé- aunque no se me olvida, como a usted, con respecto a qué Identidad se hacen los pagos de ayudas para sus galas-. Estoy convencido de que el trabajo de quien quiera aportar, sumar, no debe ser despreciado, ni siquiera el de quienes pudieran haberse visto afectados por resolución como la de la Junta de 18 de febrero de 2008. ¿Ignoramos o callamos-ocultamos?. Pero, ¿podría opinar yo, -¿me permitiría, don Manuel?-, que, con sus maneras de «vampiro emocional», usted, que nada positivo puede ver en la labor ajena si no es aquello que enfrenta, nada aporta de bueno para todo lo que se necesita y pretende mejorar en la Lucha?. Renuevo mis agradecimientos por cuanto mueve a mi convencimiento de que algo se hace -hasta algo bien- cuando seguimos mereciendo su incondicional dizque «crítica», y de que, mientras Marro marrea, incluso a pesar de su farfulla y furria «furibunda», se puede hacer algo mejor en la Lucha. A eso vamos, mientras podamos, que es lo que a las gentes del Aluche, creo, les interesa. ¡Usted a lo suyo, don Manuel! ¡Salud!

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