Diario de León

El reto

Ningún «ochomil»tumba a Edurne

La alpinista vasca tuvo que desistir en su asalto al duodécimo pico por síntomas de congelación en los pies pero promete volver Lucha a tres por entrar en la historia

Gemma Mengual, durante una de sus últimas exhibiciones

Gemma Mengual, durante una de sus últimas exhibiciones

Publicado por
David Valera
León

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Hace más de medio siglo, el hombre conquistaba una de sus últimas fronteras. Edmund Hillary se convirtió en la primera persona que ascendía, y lograba regresar con vida, el techo del mundo: el Everest. Otra fecha que simboliza la incesante búsqueda de nuevas hazañas y retos de superación del ser humano es el 16 de octubre de 1986, cuando el italiano Reinhold Messner ascendió el Lhotse (8.511 metros) y completó los 14 ochomiles que existen en la Tierra. Ahora, Edurne Pasabán y dos mujeres más luchan por romper una nueva barrera y convertirse en la primera mujer en escalar todos los ochomiles del planeta. La guipuzcoana ofreció una rueda de prensa este martes para explicar los pormenores de su última aventura en el Himalaya. Estuvo acompañada por Gisela Pulido, reciente campeona del mundo de Kitesurf por quinta vez consecutiva. El pasado 5 de octubre, la alpinista ascendió su undécima cima, el Manaslu (8.163 metros), igualando a sus otras dos rivales, la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner y la italiana Nives Meroi. Y no fue nada fácil para la expedición completar la marcha debido a las incesantes nevadas que cayeron durante más de dos semanas. «Lo más duro fue esperar durante 15 días en una tienda del campo base a que el tiempo mejorase», aseguró Pasabán. La situación era preocupante para los ocho miembros del equipo retenidos a casi 5.000 metros de altura con temperaturas cercanas a los 20 grados bajo cero y un viento de 50 kilómetros por hora. Además, como reconoce la alpinista, el paso de los días iba en su contra: «A partir del 10 de septiembre, la temporada cambia mucho, hace más frío y viento y las condiciones para escalar no son las mejores». La espera se hizo eterna y desesperante pero la paciencia tuvo su recompensa. El cielo dio un respiro a la expedición que pudo afrontar la ascensión con mayores garantías. De esta forma el 5 de octubre abandonaban el campo 3 (7.400 metros) a las tres y media de la madrugada para alcanzar la cumbre a las nueve de la mañana. «Fue algo espectacular, muy bonito», declaró la montañera de 35 años, aunque reconoció que no es consciente de lo conseguido hasta que desciende y ve los vídeos. «Cuando estás allí arriba, con el esfuerzo, no llegas a disfrutar. Lo haces cuando ves las imágenes», afirmó. El desenlace, en el 2009 No contenta con este éxito, Edurne tenía previsto asaltar el Shihsa Pangma (8.046 metros) lo que supondría el duodécimo ochomil , pero el mal tiempo una vez más, sumado a los síntomas de congelación que la vasca tenía en los pies, abortaron cualquier iniciativa de progreso. «No podíamos arriesgarnos a sufrir lesiones por congelación. Fue una decisión dura, pero prefiero esperar al año que viene», explicó. Edurne ya tuvo problemas en el 2004 durante el descenso del K2 junto a Juanito Oiarzabal. Entonces, sufrió congelaciones en los dos pies y ambos debieron ser evacuados en helicóptero a un hospital después de que el vitoriano pasara varias horas deambulando desorientado en la montaña. El 2009 se presenta emocionante para conocer quien de las tres alpinistas se proclama vencedora y deja su huella en la historia. Todas se han comprometido a terminar con las tres cimas que les faltan para ese año. Sin embargo, pese a la dura carrera en busca de la victoria, prima la deportividad sobre la rivalidad. Edurne aseguró que no le importaría hacer el último ochomil de la mano de Gerlinde. «Es amiga mía. Una de las primeras llamadas que recibo cada vez que logro coronar una montaña es suya», comentó. Pase lo que pase, la guipuzcoana inscribirá su nombre con todos los honores en la historia del alpinismo.

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