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Una victoria agridulce
El final del enfrentamiento entre Alberto Rodríguez y Roberto Rodríguez Bulnes no respondió a la grandeza del corro. Fue el punto para olvidar de una fantástica tarde de lucha leonesa

La victoria de la Montaña vivió momentos de euforia
Más del millar de aficionados en el pabellón del Ayuntamiento de Villaquilambre en el gran corro tradicional. Pequeño se quedó, a pesar de que muchos seguidores motañeses no se desplazaron hasta la sede ribereña, convencidos de que no sería fácil celebrar victoria en esta convocatoria. Todo apuntaba a la superioridad manifiesta de los de La Ribera, especialmente en las decisivas categorías superiores, en los pesos máximos. Noble comportamiento de los de las tierras al sur de la Vía permitiendo que se reforzasen los rivales, más allá de lo que las normas y usos acostumbraron a permitir. Noble la Lucha en la práctica totalidad del desarrollo del corro, especialmente la que desarrollaron los que son Base del Aluche. Nombres que ya son grandes, como el de Tomasín González Sierra, que volvía a hacerse, como hace dos años, con el mazapán (compartido aquí con el ribereño Alberto Blanco) que reconoce a quien más rivales tira. Y un gesto final dejó el mal sabor, tanto a vencedores como a quienes con ellos pelearon por la deseada victoria. Pudo ser equivocada la decisión arbitral que señalaba como no válida la caída dada por Alberto Rodríguez a Roberto Rodríguez, Bulnes; pudieron darse otros errores (que errar es humano, y hasta de árbitros bien capaces), pero lo que sí sabe a error manifiesto es el abandono, tirar el cinto, por mucho nervio, por mucha emoción con que se viva este corro tan especial. Una sensación de injusta privación de final grande, tan grande como la Lucha vivida, quedó en la tarde de Villaquilambre.