Se estima que puede quedar una hembra por cada veinte machos
El modo en que se va a realizar el ciclo reproductivo, a punto de comenzar, es realmente una incógnita. Los machos entran en celo a finales de enero y cortejan a las hembras para convertirlas en su pareja. El excesivo número de machos siempre ha sido un problema, ya que aquellos que quedan sin emparejar acosarán a la hembra dificultando la puesta y llegando incluso a destrozar el nido. Este hecho viene a justificar los ojeos de perdiz que hace años se realizaban a finales de temporada, pues solían matarse muchos más machos que hembras debido a que éstos entran los primeros y los últimos en los puestos y se abaten al principio o al recargar. Si la proporción que queda en el campo se corresponde con las cifras estadísticas, y no tiene por que ser de otra manera, habría una hembra por cada veinte machos, un auténtico desastre.
La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León esta totalmente desbordada. La Dirección General del Medio Natural ha enviado una segunda carta a los clubes y asociaciones de cazadores para advertirles que no deben realizar repoblaciones n tan siquiera refuerzos poblacionales con liebre, ya que éstas no tienen las suficientes garantías sanitarias. Sin embargo a estas alturas son varios los acotados dispuestos a invertir importantes cantidades de dinero para recuperar las poblaciones lebreras. De la perdiz, sin embargo, nada se ha dicho, pero a la vista de las estadísticas el problema puede superar con creces al de las «rabonas», precisamente en Tierra de Campos, la comarca donde la brava «patirroja» ha reinado durante siglos sobre las cuestas, cárcavas y barbechos, entre los trigos y las cepas viejas, alegrando con su presencia y con su canto los «cavones» que deja la reja del arado, mimetizándose a la perfección con las arcillas rojas y pardas de las campiñas.