Fórmula 1 | Gran Premio de China

La lluvia da alas a Red Bull

Vettel y Webber hacen doblete en otra carrera caótica por la lluvia. Alonso fue noveno. Nuevo fiasco de Ferrari, con abandono de Massa. Los Brawn quedan tercero y cuarto. Hamilton, sexto

Webber y Vettel celebran su victoria, un doblete histórico para Red Bull

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José Carlos J. Carabias
León

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¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Qué es lo importante en la F-1, el coche o el piloto? Sebastian Vettel (Red Bull) dio ayer en Shanghai una lección de cómo pilotar sobre agua. No necesitó ni difusores mágicos, ni KERS, ni inventos.

El nuevo escalafón de la Fórmula 1 no decreta sólo la hegemonía de su excelencia el difusor. El club del apéndice mágico, aquel que según los escépticos había ganado ya el Mundial en la sentencia de la FIA, no es el único con solvencia para imponer su ley. Red Bull, la escudería de la fiesta, principio activo del espíritu lúdico, celebró su gran guateque en Shanghái. Ganó Vettel su segundo triunfo en lluvia (Monza 2008) con Webber colgado de su chepa en otra carrera convulsa, descorchada por el agua y en la que Fernando Alonso acumuló otra decepción. Empezó segundo, era último quince minutos después y acabó noveno.

Es inconcebible lo que está sucediendo en la F-1. Del gobierno de los Brawn (Button y Barrichello quedaron ayer tercero y cuarto), a la pujanza de Toyota y Williams y a la irrupción de Red Bull. Los clásicos, desplazados. Nuevo Fiasco de Ferrari, con abandono de Massa por un problema eléctrico y que se queda otra carrera sin puntuar, y con Raikkonen décimo. McLaren esperando el milagro que Hamilton no logra, pues ayer quedó sexto y gracias.

Pero para todo hay explicación, si no se quiere reducir la materia exclusivamente al uso o no del difusor. Red Bull, además de organizar las mejores fiestas de la Fórmula 1 y de ofrecer auténtica hospitalidad a sus huéspedes, tiene a alguno de los mejores ideólogos del paddock . Adrian Newey, un personaje venerado por las gentes de la F-1, ex de McLaren y actual oficial al mando del diseño del coche. Newey lleva cuatro años en la factoría de las bebidas energéticas en un trabajo paciente, concienzudo, a largo plazo, que ha cristalizado en el año de la revolución.

Lo venían apuntando en Australia y Malasia, y en China la lluvia dio alas a los toros rojos. «Por mí que llueva siempre», exclamó radiante Vettel, que ya el año pasado consiguió la proeza de ganar con un Toro Rosso en Monza, el circuito más veloz de la Fórmula 1.

Aunque tan decisivo como Vettel es Bernd Maylander, el conductor del coche se seguridad. Asia es el motor económico en el que se impulsa Occidente, pero también un continente expuesto a los bruscos cambios de climatología. En China también llovió a mares, como en Malasia, y por ahí se empezó cortar la alegría que Alonso albergaba en el cuerpo, con su difusor llegado en el avión privado de Flavio Briatore.

La salida se dio lanzada con el coche de seguridad y desde ahí hasta el final se vivió otro episodio eléctrico, en el que la naturaleza dictó sentencia. «Si te sales con el coche de seguridad, no puedes recuperar la posición», le recordaban por radio a Massa antes de la salida. Alonso, que partió desde el segundo puesto, era el último quince minutos después en una maniobra que salió al revés.

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Intentó el equipo del asturiano jugar con la sorpresa: cargar el depósito mientras el coche de seguridad permaneciese en pista y asestar el golpe después, cuando todos pasasen por los garajes. Una vez más en este arranque de año, la tostada cayó del lado de la mantequilla. Abandonó Alonso el garaje y el jefe de carrera decretó el adiós del coche de seguridad. Como la Fórmula 1 es la lógica matemática, el análisis en función del resultado, da igual si juegas bonito o feo, habrá que convenir que la maniobra fue un desastre, porque Alonso se vio obligado a remontar a diecinueve coches. Saltaron chispas en la pista, se destrozaron bólidos, volvió Maylander y Ferrari continuó con su calvario. Nada afectó a los Red Bull. Vettel adelantó a Button, mermado sin neumáticos, y patentó su apellido como aspirante a ganar este Mundial de locos.