ciclismo. tour de francia
Exhibición de Contador
El ciclista español da un salto definitivo hacia su segunda victoria absoluta en la ronda gala al firmar una portentosa actuación en la contrarreloj de Annecy

Contador realiza su gesto de la victoria, con una gran sonrisa, tras ganar la contrarreloj de Annecy
Después de verle rodar alrededor del lago de Annecy, a más de 50,103 kilómetros por hora, hay que decir que Alberto Contador se mueve en los mismos parámetros en los que lo hacía Armstrong, el menos en la carretera. Ha masacrado el Tour en una llegada en alto, Verbier, y en una crono larga, Annecy.
No pudo hacerlo en la primera semana de carrera porque esas etapas no figuraban en el programa. Resulta primorosa su capacidad para adaptarse a una posición incómoda para un escalador como es la de un contrarrelojista. Los músculos de Alberto parecen de goma por la facilidad que tiene para mover desarrollos distintos.
Muestra tanta superioridad que se puede decir que el periodo de transición que ha habido en el Tour desde que lo dejó Armstrong se ha terminado. Con 26 años, si no sufre percances, ganará varios.
Salió en tromba en la contrarreloj, dando la impresión de que no necesitaba regular mucho sus esfuerzos. Se quedó sin pinganillo, lo que le hizo economizar fuerzas para no tener problemas en la parte final: «Al no tener referencias he regulado. Luego, una vez pasado el puerto he ido a tope», explicaba. En 18 kilómetros le había sacado 18 segundos a Wiggins, 27 a Armstrong, 37 a Klöden y Cancellara.
Los hermanos Schleck comenzaban a perder un tiempo importante que en la meta resultaría espectacular: 1:45 a Andy Schleck y 2:34 a su hermano Frank. Armstrong cedía 1:30. Y un especialista como Cancellara perdía quince segundos.