Diario de León
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bruno pérez | madrid
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Europa libra desde hace más de dos años una guerra soterrada con los mercados por la supervivencia del euro y España aparece ahora a ojos de todos como el escenario de la batalla definitiva, el lugar donde se decidirá si el sueño de una Unión Europea con una moneda compartida se convierte en realidad, a fuerza de avanzar hacia una mayor integración, o acaba destrozado en decenas de pequeños pedazos, arruinado por los intereses nacionales de cada una de sus partes. Probablemente, nadie haya definido tan bien la relevancia del momento como Dan Davies, uno de los ‘blogueros’ con más influencia en el corazón financiero de Europa, la City londinense: «Si ganan en España, no les hará falta luchar en Italia; si pierden en España, no tendrán ninguna opción en Italia».

Si España se ha visto convertida en pieza clave para la supervivencia del euro es por haber tenido que solicitar –o aceptar a la fuerza, pues no termina de estar claro– una ayuda europea de hasta un máximo de 100.000 millones de euros para hacer frente a la obligada capitalización del segmento más frágil de su sector financiero. A ojos de los inversores, España no es lo mismo que Grecia, Irlanda o Portugal.

Tal vez por ello, la decisión de la Comisión Europea de abordar el rescate de una forma ortodoxa, con un préstamo de capital a devolver en un periodo determinado –igual que se hizo en Grecia, Irlanda o Portugal, aunque limitado al sector financiero–, haya sido contestada de forma tan violenta por los mercados. Desde que se conoció el rescate, la prima de riesgo y el tipo de interés que se exige por la deuda española no han dejado de crecer, superando sus máximos históricos y dejando los títulos del Tesoro a un paso del nivel que marca la expulsión del mercado. Algo similar (aunque menor) ha sucedido con Italia e incluso se han dado episodios de venta de títulos de deuda alemanes, un acontecimiento sin precedentes.

La reacción del mercado y la creciente preocupación en el resto del mundo por la deriva de Europa, alentada por la revisión a la baja de los objetivos de crecimiento global por parte del FMI y el Banco Mundial, confirman que el evento español ha llevado la crisis europea a otro nivel, en el que preocupa la incompleta arquitectura institucional de la Europa del euro.

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