No se ve la luz al final del túnel
No se vislumbra luz al final del túnel a la espera de una repetición de las elecciones que parece cantada y que confirmaría el temor comunitario de que 2016 será un año perdido para la cuarta potencia de la Eurozona. España, ensimismada en sus batallas internas de tintes partidistas, vivirá en las próximas semanas su gran batalla en Bruselas. Se llama déficit. Y en nuestro caso, déficit es sinónimo de subidas de impuestos, de más recortes o de las dos cosas al mismo tiempo. Según la hoja de ruta trazada a mediados de 2013 tras la tercera prórroga concedida por la Comisión desde 2009, Madrid debía alcanzar un déficit nominal del 4,2% en 2015 y del 2,8% en 2016. El problema es que el año pasado cerró en el 5% al gastarse 8.000 millones más de lo previsto, lo que en la práctica hará imposible cumplir con Bruselas. Hacerlo supondría cuadrar 22.000 millones en un año en el que a España, en lo político, ni está ni se le espera con un Gobierno en funciones atado de pies y manos.