OPINIÓN Manuel Portela
Fusiones eléctricas
De forma inesperada, el escenario del sector eléctrico español va a cambiar. El principal operador del sistema por capacidad de generación, Endesa, puede ser apeado del podio apenas unos pocos días más tarde que hubiera decidido congelar la inversión en nuevas plantas de ciclo combinado porque el precio del gas producía «falta de viabilidad». Y Gas Natural, con dinero de La Caixa, se hace con una empresa, emblema del País Vasco, más grande que ella para hacer una integración vertical desde la materia prima a la venta de energía al consumidor final. Unos pocos meses más tarde de aprobarse la planificación energética para los próximos diez años y que estuvieran a punto de repartirse los dineros procedentes del déficit tarifario. La carencia de signos de información confidencial permite suponer que se ha mantenido el secreto en una actividad tan controlada que apenas ha habido cambios en la cuota de mercado después de la libertad de elección de proveedor y tan protegida que apenas puede entrar un operador nuevo. Donde los accionistas de referencia se cruzan tantas veces que cualquier movimiento de capital requiere el análisis del Servicio de Defensa de la Competencia. Este tipo de operaciones requiere tener mucha decisión. Por ejemplo, tener confianza en que el precio del gas, indexado al del crudo, volverá a bajar de manera «permanente» después de la guerra por Irak. La Caixa compra ahora participaciones industriales cuando los bancos se deshacen de ellas. Los compradores, que adquieren endeudamiento con más endeudamiento, pueden ser muy oportunos. Las tasadoras y los analistas, el mismo mercado «eficiente» de valores, quedan como ignorantes que no se han enterado que los activos ahora opados pudieran tener tanto potencial estratégico. Por supuesto que en la reciente historia de las concentraciones empresariales se ha descubierto que muchas de ellas no eran sino megalomanías de sus directivos.