OPINIÓN Lorenzo Bernaldo de Quirós
Se aleja la recesión
Los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea se han reunido el pasado viernes para analizar la coyuntura del Viejo Continente y el impacto sobre ella de la guerra de Irak. La reunión puede calificarse de optimista. La creencia en una rápida resolución del conflicto aleja, según el Ecofin, el espectro de una recesión. El escenario pesimista -la guerra llega hasta el verano, el petróleo sube, la confianza de los consumidores y las empresas se hunde etc.- se ha visto descartada, lo que es sin duda una noticia excelente. Por una vez, la necesidad y la virtud coinciden. De cualquier manera, las previsiones de crecimiento para el conjunto de la UE son de una mediocridad aplastante. El PIB comunitario se incrementará, como mucho, un 1% en el 2003, cifra incompatible con la creación de empleo y las perspectivas para 2004 son mejores pero bastante modestas, el 2,25%. La responsabilidad de este mal comportamiento económico reside en la evolución de los dos representantes de la Vieja Europa, Francia y Alemania, cuyas economías carecen de dinamismo atenazadas por altos impuestos y gasto público, así como por unos mercados hiperregulados. En este contexto se han repetido las continúas invocaciones a introducir reformas estructurales y a respetar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Sin embargo los hechos son tercos. Franceses y alemanes ha superado los límites de déficit fijados por el PEC y no existe síntoma alguno de que estén dispuestos a poner en marcha los cambios que necesitan sus escleróticas economías. Por tanto, las expectativas europeas para los años 2003 y 2004 repiten lo mismo de siempre: cuando se reactive la economía internacional, la europea lo hará menos, de la misma manera, que cuando se deprime lo hace más. Los ministros eludieron cualquier género de reflexiones críticas, al menos públicas, sobre la posición presupuestaria francesa y las pretensiones del gobierno que preside Jean Pierre Raffarin, que van camino de empeorarla. El Ecofin logró un consenso para solicitar formalmente a Wim Duisenberg que permanezca al frente del BCE hasta que se le designe sucesor formal, y el holandés aceptó. El sustituto de Duisenberg lo debería ser Jean-Claude Trichet, gobernador del Banco de Francia, pero éste necesita aún resolver los problemas con la Justicia francesa que arrancan de comienzos de los años 90, cuando el Credit Lyonnais se encontraba al borde de la quiebra.