Diario de León

| Crónica política | El final del sueño gallego |

Sin pulpo eléctrico a la gallega

El sueño de galleguizar la empresa eléctrica Unión Fenosa sólo duró unas horas, justo el tiempo que tardó Florentino Pérez en hacer una suculenta oferta a Botín, que aceptó inmediatamente

Amancio Ortega se molestó por la forma negociadora de Botín

Amancio Ortega se molestó por la forma negociadora de Botín

Publicado por
Manuel Campo Vidal - madrid
León

Creado:

Actualizado:

Por unas horas se acarició el sueño. «El viernes por la mañana me sentí casi eufórico leyendo que un grupo tan importante liderado por Amancio Ortega regalleguizaba Fenosa», comenta el profesor Fernando González Laxe, ex presidente de la Xunta. «Después a media mañana me llamaron desde Madrid para darme el mazazo de que Botín había vendido a Florentino Pérez». La narración de González Laxe es seguramente la crónica que firmarían miles de gallegos. Pero se trata de un relato inacabado porque las consecuencias de la fallida operación no quedarán ahí. La prueba es que motivó, sólo horas después, el divorcio de la pareja empresarial más eficiente de las últimas décadas: Amancio Ortega y José María Castellano. Muy mala noticia. Todo lo sucedido es muy importante porque Florentino Pérez ha comprado algo más que el primer paquete accionarial de Unión Fenosa. Ha comprado un puesto privilegiado en la partida energética española que se está jugando a base de proyectos de fusión y opas hostiles. Pero detrás de la mala noticia para Galicia, por lo menos queda la pedrea. Cierto que Fenosa no hablará gallego, pero al menos hablará español y no italiano como se temía. Ese era el principal riesgo que se corría con Emilio Botín, que vende al que más paga sin otra consideración. Se ha visto en el último episodio. Los que critican al grupo gallego comprador por no haber amarrado bien cuando tenían cerrada la compra a treinta euros la acción, o incluso al presidente de la Xunta de Galicia por no haber intervenido, desconocen al personaje Botín. Táctica habitual Pueden preguntarle a Luis Ri-vero, de Sacyr, o a cualquiera que le haya comprado algo al presidente del Santander y se encontrarán con un relato de este género: «Cuando habíamos cerrado a trece euros y medio la acción, él mismo habló con dos o tres más y me devolvió la llamada diciéndome que lo sentía mucho pero que alguien le daba quince y que, desde luego, me daba preferencia a mí. A quince, claro. Tragué, pagué y casi tuve que dar las gracias». A los gallegos se les aplicó la táctica habitual, la misma que hace unas semanas convirtió en francesa a Amena para ser bautizada como Orange próximamente: cerraron a treinta euros la acción y al poco les llamó diciendo que alguien ofrecía treinta y dos. Aceptaron pero, aún desde México, Botín siguió con la ronda . Descolgó el móvil Florentino en medio del partido de fútbol y Fenosa se puso en treinta y tres. Se asegura que Amancio Ortega no solo ya no tragó, sino que le colgó el teléfono a Botín. Es legítimo lamentar que se terminara el soñado pulpo eléctrico a la gallega, pero las cosas fueron así. Y no deja de tener razón Emilio Pérez Touriño cuando declara que por lo menos ahora Fenosa quedará estabilizada. Es decir, que la posición gallega en Fenosa, ya importante entre las dos caixas y el Pastor, se supone que queda por fin protegida. Puede chocar que el presidente lo declare en un momento emocional adverso, cuando el tradicional fatalismo gallego amenaza con resucitar, pero los que conozcan las interioridades de Fenosa saben que allí se temía más a Botín que a los huracanes del Golfo de México. Más claro: se sentían como en una ruleta rusa con la bala de la venta a cualquiera y, en consecuencia, no se descartaba incluso la desaparición a medio plazo. Consecuencias El resultado de la operación, además de estabilidad para la firma aunque no con la fórmu-la más deseable y conveniente para Galicia, tiene otras consecuencias políticas y económicas. Con una Unión Fenosa regalleguizada -se estima en el mundo político de Madrid- el dibujo de la durísima partida energética que se esta jugando en España se hacía más territorial: una Iberdrola vasca, un Gas Natural catalán, una Fenosa gallega y una Endesa del resto de España. Podría parecer una guerra de comunidades, como desgraciadamente sucede con el agua. El temor a lecturas políticas desafortunadas por esa territo-rialidad de la batalla energética, preocupaba. Por tanto, el resultado de la transacción tranquiliza en Madrid tanto como disgusta en Galicia.

tracking